La inversión socialmente responsable, de nicho a megatendencia

La sostenibilidad, además de un beneficio extrafinanciero, también genera oportunidades de inversión

La inversión socialmente responsable, de nicho a megatendencia

Es innegable que Greta Thunberg, la adolescente activista climática, ha sido una de las grandes impulsoras de la lucha contra el cambio climático. El futuro de la generación Z está ligado al del planeta y sin duda componentes están más que dispuestos a preservarlo. Junto a los más jóvenes, hemos visto como los gobiernos han adquirido el compromiso internacional de hacer frente a los retos sociales, económicos y medioambientales de la globalización. Las grandes instituciones también están tomando conciencia de lo importante de contribuir a la protección del medio ambiente, la integración social y la erradicación de la pobreza. Esta concienciación está irrumpiendo con fuerza en el mundo financiero. Cada vez más, se extiende entre los inversores la filosofía de la inversión socialmente responsable.

¿En qué consiste esta disciplina de inversión? Básicamente combina en su proceso de análisis, los criterios financieros tradicionales (como pueden ser el riesgo, la rentabilidad o la liquidez) con los criterios extra-financieros, que tienen que ver con el desempeño de las organizaciones y los proyectos desde el punto de vista social, ambiental y de gobernanza.

Mientras que hace unos años considerábamos esta disciplina de inversión como un nicho, ahora es una megatendencia que ha venido para quedarse. Está siendo una revolución y mientras que nosotros hablamos ahora como un criterio más en los productos de inversión, estoy segura de que en el futuro estará totalmente integrado en los modelos de gestión.

Aunque la pandemia se ha convertido en la principal prioridad global, la emergencia climática no ha sido olvidada como hemos podido ver en el Fondo de Recuperación Europeo, donde se ha hecho especial hincapié en el ámbito de la sostenibilidad. El confinamiento global ha producido una reducción masiva de emisiones de gases de efecto invernadero que han ralentizado el calentamiento global, así como hemos visto una mejora en la calidad del aire debido al parón de las industrias químicas o petroleras. Los ciudadanos en esta época de reflexión se han solidarizado con la importancia de minimizar actos que generen impactos ambientales negativos y esto se ha traducido en un aumento de flujos de inversión en productos socialmente responsables.

Se estima que el mercado pueda seguir creciendo a pasos agigantados gracias al impulso por parte de los gobiernos, sector privado y las nuevas generaciones. En 2019 el volumen de deuda sostenible fue de 465.000 millones de dólares, un 80% más que en el año anterior. Por parte de la industria de gestión de activos, observamos como la oferta de productos es creciente y esto se ve acompañado por el volumen de inversión. Pero por encima de todo destaca que cada vez los productos ofrecidos a los inversores son de mayor calidad.

Históricamente las empresas ponían especial foco en la vertiente del medioambiente. Sin embargo, hemos visto como con la llegada de la pandemia, los inversores han dado más importancia al ámbito social y al de gobernanza. Han analizado detenidamente que se hayan llevado a cabo actividades empresariales éticas, valorando especialmente el bienestar de los clientes y empleados. Han puesto en el punto de mira la gestión por parte de las empresas en cuanto a la organización de los empleados y el cumplimiento de las medidas sanitarias.

En esta situación tan incierta cabe destacar que la introducción de criterios extra financieros en el proceso de inversión de las gestoras va a exigir la dedicación de recursos adicionales lo que de forma colateral implicará una mayor especialización en éste ámbito.

Sin embargo, el mercado necesita madurar y todavía hay margen de mejora. En primer lugar, una mayor homogeneidad en los conceptos es clave para generar un clima de confianza. Actualmente cada uno de nosotros podemos referirnos a la inversión socialmente responsable de una manera, siendo todas ellas válidas puesto que la definición no está acotada por ningún organismo oficial.

Por otra parte, debemos hablar del papel de las agencias de calificación de sostenibilidad. El desarrollo del mercado ha impulsado a la creación de nuevas instituciones y la adaptación de las anteriores ya existentes. Su función consiste en la medición de la sostenibilidad corporativa, actúan como instrumento de control otorgando ratings en las tres dimensiones de la inversión socialmente responsable: el medioambiente, el aspecto social y la gobernanza. La cuestión es que cada agencia utiliza su propia metodología de evaluación y se han dado casos de calificaciones muy distintas respecto a una misma empresa, lo que puede generar confusión entre los inversores.

Vemos necesario una fase de consolidación de las gestoras y advertimos que debemos tener cuidado con la publicidad, es decir, debemos distinguir aquellas gestoras que no quieren quedarse atrás ante esta nueva temática con el lanzamiento de productos y elegir aquellas que realmente tienen la inversión socialmente responsable en su ADN. Precisamente por esto los asesores tienen un papel clave en este entorno. En primer lugar, pueden ayudar a los inversores a definir qué es lo que ellos entienden por invertir con criterios socialmente responsable y en base a eso poder ofrecerles productos que además de un beneficio económico, puedan tener un impacto extra-financiero. Además, no debemos olvidar la diversificación a la hora de construir carteras socialmente responsables porque podríamos sesgar nuestras carteras a ciertos sectores y esto podría penalizarnos en rentabilidad global.

Beatriz Hernández es Analista de fondos de Atl Capital