Tiempos revueltos, tiempos propicios para Vox

El descontento con la gestión de la segunda ola pandémica pasa factura a la coalición de Moncloa y al PP y cuestiona el estado de las autonomías

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El fin del verano ha resultado ser la vuelta a una realidad que no gusta a nadie. España tiene, sin ningún género de duda, los peores datos de evolución de la pandemia del mundo desarrollado y encima somos incapaces de encontrar una explicación a por qué nos separamos tanto de países tan similares como Italia y Portugal. Claro que es difícil encontrar una respuesta cuando ni siquiera nos hacemos las preguntas.

Este panorama tan desolador, con enorme coste en pérdida de empleo y patrimonio (ahorro al 0% y la Bolsa en el -30%), y la falta de un horizonte viable, está sumiendo a la población en una mezcla de miedo y desánimo, de desolación. Estas coyunturas históricamente han generado movimientos disruptivos, que no es sinónimo de bueno. En España, ya hay las primeras encuestas que apuntan a que la extrema derecha de Vox puede ser el gran ganador de este nuevo tiempo.

La vuelta a una cierta normalidad trajo el mejor momento de intención de voto para el Gobierno y el PP. Al primero le reconocían la gestión de la pandemia y al segundo su firme oposición, que son compatibles. Hoy, todo esto ha saltado por los aires. La segunda ola de la pandemia está aquí y nadie encuentra razones que exculpen a los Gobiernos, sea central o autonómico. Parece que solo se libra el que no gobierna: Vox.

La gestión de la pandemia, unida a las casuísticas particulares de cada partido, que afectan muy especialmente al PP (Cayetana Álvarez de Toledo y Caso Kitchen), PSOE (desgaste de Gobierno) y a Podemos (Dina y financiación del partido), pueden estar detrás del sorprendente resultado del barómetro de Metroscopia de septiembre, que coloca a Vox a menos de cuatro puntos del PP. Y eso que aún no se conocía la gestión del indulto a los políticos catalanes presos.

Vox tendría un 17,5%, que compara con un 15,1% en las elecciones de noviembre pasado, y que le dio 52 diputados. Desde entonces había ido cayendo hasta tocar suelo en julio con un 13%. Tras el verano, Vox sube 4,5 puntos porcentuales, que básicamente son a costa del PP, que baja 3,8 puntos y del PSOE, que pierde 1,4. Al tiempo, Podemos se deja otro medio punto, hasta 10,2%, que le sitúa en lo que fue IU con Julio Anguita, y Ciudadanos gana cuadro décimas (hasta 5,7%).

El PP había alcanzado su momentum en abril, con un apoyo del 25,1%, que le colocó a menos de dos puntos del PSOE, 26,7%. El techo de uno y el suelo del otro se produjeron en el momento más duro de la pandemia, cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid, a la que Pablo Casado ha anudado su suerte, casi convence de que todo era culpa de Pedro Sánchez. Isabel Díaz Ayuso quedó en evidencia rápido y el PSOE y llegó a colocarse en el 29,7% en julio, cuando toda España había vuelto a la caña y el sol. Pero la vuelta del verano ha devuelto al PSOE al 28,3% y al PP al 21%, casi lo mismo que las urnas de noviembre pasado.

Quizás esta evolución de las encuestas sea la verdadera razón por la que Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso han dado el paso de reunirse y empezar a colaborar. A lo peor, este acercamiento es pura táctica política que conviene a los dos, en lugar de un sincero propósito de enmienda.

Metroscopia hace el ejercicio de trasladar a diputados esa intención de voto y la sorpresa es que hay movimiento entre los bloques de izquierda y de derecha, básicamente a costa de sus extremos. El resumen es que lo que pierde Podemos lo gana Vox, lo que evidencia que hay permeabilidad entre los votantes de las dos formaciones, porque ambas atraen al ciudadano cabreado y desi­deologizado, aunque sus líderes se repelan.

La coalición que gobierna España perdería nueve escaños (-10 Podemos y +1 PSOE), hasta quedarse en 146. El tripartito que integra la derecha que sostiene los gobiernos de Madrid, Andalucía, Castilla y León y Murcia, sumaría nueve diputados (+12 Vox, -2 Ciudadanos y -1 PP). Por tanto, estas tres fuerzas pasarían a sumar 160 escaños.

Es cierto que, salvo las elecciones catalanas, no hay comicios a la vista hasta finales de 2022 (andaluzas) y 2023. Es igualmente cierto que en situaciones de desapego del ciudadano con sus gobiernos, como ahora, las encuestas son menos fiables por el alto grado de indecisión y abstención. Y, también es verdad que en los últimos años se han visto grandes expectativas electorales de Podemos y Ciudadanos que no cuajaron en las urnas.

El tiempo dirá si Vox, un partido prácticamente sin cuadros, está en condiciones de dar el sorpasso al PP y liderar a la derecha española o si todo es fruto de una coyuntura. Al PP de Pablo Casado le persiguen los fantasmas del pasado (la imputación del exministro del Interior Jorge Fernández Díaz es la última aparición) y los del presente (Ayuso y Cayetana). Para colmo, sus teóricos aliados le roban el papel cada dos por tres. Ciudadanos haciendo de partido de Estado en votaciones clave y Vox planteando una moción de censura inviable que es una trampa para Pablo Casado.

La falta de liderazgos sólidos, creíbles y buenos gestores en PSOE y PP hacen temer que lo que refleja esta encuesta sea más que una coyuntura. En Italia, los votantes acaban de poner coto a la ultraderecha. La buena gestión de la pandemia por parte del Gobierno de Giuseppe Conte ha terminado premiando en las urnas al Partido Demócrata, el equivalente al PSOE, y castigando a la Liga de Matteo Salvini, que guarda enormes parecidos con el Vox de Santiago Abascal. Aquí corremos el riesgo contrario en el peor momento posible.

Aurelio Medel es doctor en Ciencias de la Información y profesor de la Universidad Complutense