Bernard Arnault vuelve a actuar como un mocoso consentido

Su conflicto con Tiffany retrotrae a los que tuvo LVMH con Hermès y Gucci... y puede salirse con la suya

Bernard Arnault, presidente y CEO de LVMH.
Bernard Arnault, presidente y CEO de LVMH. AFP

Cómo se convirtió Bernard Arnault en el hombre más rico de Francia, con un patrimonio de más de 67.000 millones de euros? Trabajo duro, invertir con astucia y una gestión meticulosa jugaron un papel importante. Tal vez también otra cosa: actuar como un mocoso consentido. Ese es sin duda el rasgo más destacado que ha mostrado últimamente el presidente y accionista mayoritario de 71 años de LVMH.

Cuando las pandemias eran un argumento para los thrillers de Hollywood, Arnault decidió que necesitaba poseer Tiffany. Y lo que quiere, lo consigue. Así que, después de una intensa persecución, en noviembre acordó pagar 16.200 millones, o 135 dólares por acción, en cash. Entonces llegó el Covid, arruinando el sector. Arnault se vio afectado por la maldición del hombre rico y poderoso: el arrepentimiento del comprador debilitado. Ahora está tirando todos los juguetes de su cuna forrada de cachemira para pagar menos. Y probablemente se salga con la suya.

Es desconcertante ver a un multimillonario bien vestido actuar como un llorón. Cierto, el virus no es su culpa. Pero un trato es un trato. LVMH firmó un contrato legalmente vinculante, que en última instancia forma la base de la confianza en la que residen los mercados libres y el capitalismo, que han beneficiado ricamente a Arnault.

Desde que decidió que Tiffany era una joya más aburrida de lo que pensaba, ha hecho todo lo posible por librarse. Algunas tácticas son estándar, como criticar la gestión de la crisis de Tiffany. Otras, como blandir una inusual carta del Gobierno francés, parecen totalmente dudosas. Lo siguiente es una pelea legal en Delaware.

Aunque puede parecer indecoroso en los círculos de la moda, es un clásico de Arnault. Es impecablemente despiadado. Véase uno de sus últimos brotes de maldad hace una década, cuando sorprendió a Hermès con una participación del 17%. Arnault acumuló sigilosamente derivados de acciones a través de bancos amigos para evitar revelar sus intenciones. El CEO de Hermès describió así el movimiento: “Si quieres seducir a una mujer hermosa, no empieces violándola.” Desde luego.

La disputa duró años, y los intentos de controlar Hermès se vieron frustrados, sobre todo gracias a los tribunales y el regulador de Francia. Pero mientras, el valor de Hermès se triplicó y LVMH obtuvo una ganancia estimada de más de 4.000 millones de euros. Fue una clase magistral de cómo una persona rica se vuelve aún más rica.

O véase la guerra de ofertas de fin de siglo por Gucci, cuando LVMH tomó acciones en el mercado abierto y participaciones de otros inversores para coaccionarla para negociar. Arnault buscó asientos en el consejo y casi amasó una participación lo suficientemente grande como para activar una cláusula en el contrato de Tom Ford que habría permitido salir al famoso diseñador. Al final, Gucci se vendió a su archirrival PPR, ahora Kering. Pero el episodio reflejó la voluntad de Arnault de ensuciarse en la caza de las cosas que quiere.

Delaware no es París

Las formas de Arnault de lobo con piel de Loro Piana le han funcionado, particularmente en Francia. Pero el Tribunal de Cancillería de Delaware, en el que Tiffany demanda a LVMH para obligarle a completar la adquisición, está lejos de París. La compañía de Arnault va a lanzar una contrademanda argumentando que la pandemia equivale a un “cambio material adverso”. Pero es una posibilidad remota esperar que los malhumorados jueces de Delaware ofrezcan a Arnault una salida fácil.

De igual forma, los cargos de que la dirección de Tiffany, liderada por el ex de LVMH Alessandro Bogliolo, manejó mal la respuesta al Covid serán difíciles de sostener. Es cierto que Tiffany continuó pagando dividendos, mientras que LVMH redujo su pago de 2019 en un 30%. Pero no es un comportamiento irracional para una firma que ya había acordado una venta. En el último trimestre, los ingresos de Tiffany cayeron un 29%, pero las ganancias aún superaron las expectativas de los inversores.

Más intrigante será ver las caras de los jueces cuando lean una carta a Arnault del Ministerio de Europa y Asuntos Exteriores francés que dice que la compañía “debería aplazar el cierre de la transacción pendiente de Tiffany” hasta enero, después de la fecha límite actual para el acuerdo. La supuesta intención de la carta, que según Bloomberg fue solicitada por Arnault y según Reuters ha sido minimizada por el Gobierno como no vinculante, era apoyar la intención de Francia de desalentar a las autoridades estadounidenses de imponer aranceles a las exportaciones francesas. Fuera la carta un favor a Arnault o no, desde luego que fue ciertamente inusual.

Conexiones políticas

Es fácil imaginarle usando sus conexiones políticas para salir de un acuerdo. Fue uno de los primeros plutócratas prominentes en visitar al presidente electo Donald Trump en su torre de Nueva York, que alberga la tienda insignia de Tiffany. Los vídeos de la reunión muestran a un Arnault radiante prometiendo expandir su huella manufacturera en EE UU. “Van a hacer cosas maravillosas en el país: empleos, muchos empleos,” dijo Trump, que en 2019 acompañó a Arnault en una visita a una nueva fábrica de productos de cuero de LVMH en Texas.

Pero Delaware está casi tan lejos de Texas como de París. Las tácticas dañinas de LVMH pueden ser efectivas para permitir que caduque el plazo de la oferta (finales de noviembre), pero el tribunal podría decidir que LVMH incumplió sus obligaciones y obligarla a seguir adelante. Si eso ocurre, será más adelante. La apuesta es si esa perspectiva es suficiente para que los directivos de Tiffany, entre ellos el ex-CFO de Gucci que quedó magullado en la batalla con LVMH, mantengan la calma.

Dejar Tiffany en el limbo y posiblemente ver sus acciones caer por debajo de los 90 dólares en los que cotizaba antes de la oferta, durante una crisis del sector que no muestra signos de retroceso, es una apuesta arriesgada.

Aceptar un precio menor expondrá a Tiffany y al consejo a demandas de los accionistas. Pero las demandas vendrán también si el acuerdo no se produce. Mas el tiempo es dinero, y Tiffany no tiene un suministro interminable de ninguno. Conformarse con 115 dólares hoy acabaría con la incertidumbre de la oferta. Incluso si eso significa ceder ante uno de los más ricos y malcriados mocosos que jamás han irrumpido en los mercados mundiales.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías