El control del riesgo en los fondos, clave frente a la volatilidad

El inversor privado debe exigir información detallada sobre las oscilaciones a que se puede ver expuesta su inversión

La acertada gestión del riesgo se ha convertido en la reina en el baile de los fondos, en el que la princesa es la medición de la volatilidad. Ambas forman un tándem que está muy por encima de la simple combinación en la coctelera, con más o menos pericia, de un tanto de renta variable y un tanto de renta fija. La medición de la voluble volatilidad se ha transformado en esencial, en una industria cada día más sofisticada, para calcular con garantías para el inversor el desempeño de estos instrumentos financieros.

Basta observar los mejores fondos españoles de los últimos tres años para constatar cómo entre los que han conseguido evitar los grandes vaivenes del mercado brillan los que doblegan a la volatilidad y que entre ellos aparecen incluso fondos alternativos. Todo indica que las tradicionales correlaciones del pasado deben ser revisadas. No hace mucho, cargar la cartera con más deuda soberana permitía disponer de un colchón amortiguador de las caídas bursátiles. Eso, en un escenario nuevo en el que pueden caer al mismo las acciones y los bonos, ha quedado fuera de foco y obliga a los gestores a poner nuevos ingredientes en la coctelera. Es la nueva normalidad para el inversor.

Está claro que la liquidez resulta una buena vacuna contra la volatilidad, acentuada más por el Covid. Las posiciones cortas sobre algunos activos también pueden suponer cierto seguro de retorno positivo. Otra opción es la flexibilidad en la selección del tipo de activos para aumentar el margen de maniobra. Porque esta ayuda a maximizar el retorno a largo plazo, a la vez que puede defender a los partícipes de las fuertes caídas.

Los fondos a vencimiento, que mantienen una cartera de bonos soberanos o de empresas durante un número determinado de años, en torno a un lustro, han presentado igualmente un buen equilibrio entre el rendimiento y el riesgo de la volatilidad, pero también aquí la clave está en acertar con los activos elegidos, como ha ocurrido, en el caso de la deuda italiana, con quienes previeron el decidido apoyo del BCE.

En el ámbito de los fondos más arriesgados, los grandes ganadores de los últimos años han sido los que han apostado por las compañías tecnológicas y biotecnológicas, especialmente de Estados Unidos. Todo indica que estos son yacimientos a explotar en los próximos tiempos, abonados por la pandemia, a pesar de su elevada volatilidad, que en ocasiones ha dado serios disgustos a los partícipes, como el pasado marzo.

Sin olvidar en ningún momento la rentabilidad, el inversor privado debe exigir información detallada sobre las oscilaciones a que se puede ver expuesta su inversión. Aunque la gestión del riesgo es la reina, el riesgo propiamente dicho es el rey.