La educación privada se blinda con más normas que las indicadas por las comunidades

Cada centro impone sus propios planes de seguridad

Las escuelas apuestan por un retorno de las clases presencial

Escuelas privadas coronavirus
Alumnos de la Universidad Europea.

La reapertura de los centros privados y concertados está siendo un jeroglífico. Según su grado de independencia con la administración, los colegios adaptan los protocolos de las Consejerías con mayor o menor libertad, con la vista puesta en la Conferencia de Presidentes a finales de agosto entre el Gobierno y las autonomías que acabará de definir las medidas en el nuevo contexto virológico. Hasta entonces, la intención de las escuelas concertadas y privadas, a pesar de que la curva pandémica no para de crecer, es que los alumnos se reincorporen de forma presencial en septiembre.

Todas las patronales y sindicatos representativos del sector (entre las que se encuentra la Asociación de Centros Autónomos de Enseñanza Privada, la Confederación Española de Centros de Enseñanza, CC OO, UGT, entre otros) han firmado un acuerdo de mínimos para el ámbito de la enseñanza concertada, la educación infantil de 0 a 3 años y la enseñanza privada reglada no concertada. Los textos insisten en que los centros deben seguir las pautas que marca cada Consejería y dan una serie de medidas de carácter general que deberán adaptarse o modificarse en función de los que disponga el Ministerio. Los documentos incluyen normas de higiene personal y para el centro, medidas organizativas como la incorporación al aula de manera escalonada, la creación de grupos-aula (los grupos burbuja) o un plan de acción en el caso de que se detecte un positivo.

“El inicio de curso va a ser movido porque va a haber brotes, lo que se determine en Andalucía será muy diferente a lo que se haga en Madrid o en Cataluña”, advierte Pedro Ocaña, secretario de Privada y Servicios Socioeducativos de CCOO. “El curso ya acabó de manera dispar porque cada consejería actuó de manera diferente y ahora es probable que vuelva a pasar lo mismo”, añade Ocaña.

Las universidades privadas van por libre

Los centros universitarios privados también han desarrollado sus propias medidas de seguridad de manera individual. “La razón es que, a diferencia de los colegios, que tienen un gran parecido entre ellos, las universidades cambian mucho su estructura organizativa unas respecto de las otras”, explica el responsable de enseñanza privada de UGT, Jesús Gualix. Un ejemplo es la Universidad Europea (presente en Madrid, Valencia y Tenerife) que prevé clases semipresenciales. Su protocolo gira en torno a cuatro ejes: adaptación de las instalaciones para reducir la capacidad de las clases al 50% o incluir mamparas de separación en las zonas comunes. Protocolos de seguridad que incluyen hacer test a todos los empleados y tomar la temperatura a través de cámaras en la entrada de los edificios. El tercer eje es asegurar la formación de las medidas preventivas y el cuarto, la implementación de un modelo académico “flexible”. El 20% de la docencia será presencial en grupos reducidos, el 60% de las clases se combinarán clases presenciales y virtuales según las circunstancias sanitarias y la preferencia de cada estudiante. Y un 20% que será totalmente digital. La Universidad también impone el uso de mascarilla.

Los protocolos se refuerzan en los privados

En ese contexto, los centros privados tienen mayor ámbito de actuación para adaptar sus medidas de seguridad a posibles escenarios epidemiológicos de manera autónoma que los concertados, que tienen que acogerse a los planes de la consejería. “Todos nuestros colegios desarrollaron protocolos apoyándose en los que fueron publicando tanto el Ministerio de Educación y Sanidad, como los que emitieron las diferentes consejerías. Pero individualizando y particularizándolos, dependiendo de los espacios e instalaciones de los que disponen”, explica al respecto Elena Cid, directora de la Asociación de Colegios Privados e Independientes (CICAE).

Muchos centros privados reabrieron ya en julio para los campamentos de verano y pudieron poner a prueba sus protocolos de cara a septiembre, reforzándolos al nuevo escenario que algunos consejeros de salud ya tildan de segunda ola. “Se han acometido muchas reformas y ampliaciones para el uso de áreas comunes (bibliotecas, aulas de informática, espacios al aire libre o salones de actos). Muchos colegios tienen previsto dividir a sus grupos para reducir aún más la ratio, se ha contratado a más personal para poder desdoblar y atender a grupos reducidos. También se ha adquirido tecnología para estar preparados en caso de tener que llevar a cabo una educación semipresencial”, enumera Cid.

“Estamos todos los días conectados, revisando las noticias para adaptar nuestros protocolos en cualquier momento”, explica Maricruz Lagar, directora del colegio SEK en Madrid. La organización de este centro refleja el nivel de autonomía que tiene la educación privada para blindarse contra el virus.

“Poder abrir el colegio en julio nos ha servido para reflexionar y estructurar un protocolo de cara a septiembre”, dice Lagar. Las medidas de seguridad de este colegio incluyen la señalización de cada pupitre en todos los niveles educativos para garantizar la distancia de 1,5 metros, material individual en cajas antibacterianas, grupos burbuja y videollamadas para que interactúen con otros grupos, entrada escalonada al centro, aforos en los cuartos de baño e, incluso, su propia aplicación móvil para hacer la trazabilidad en caso de positivos en el centro.

Los centros concertados, por su parte, han de acogerse a los protocolos que han establecido las comunidades. "Nosotros estamos totalmente alineados con las Consejerías, aunque tenemos ciertas autonomías en ciertas restricciones", confirma Carlos Quílez, el director pedagógico de uno de los colegios Salesianos de Madrid. "A día de hoy, esperamos empezar todos de forma presencial en el escenario uno y siempre con mascarilla, los alumnos entrarán de forma escalonada y se organizarán en grupos burbuja desde Primaria hasta bachillerato, incluso en el patio y en el comedor", concreta Quílez, una medida para evitar separar en cuarentena a todo el colegio y solo a la clase donde se halla localizado un positivo. "Nosotros tenemos que cumplir con los mínimos pero podemos incluir otros máximos que veamos oportuno sin dar cuenta a ningún organismo", añade Quílez.

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