Sacha Michaud: “Abogamos por leyes que no pongan puertas al campo”

Apuesta por el diálogo con el Gobierno y por que su empresa sea rentable en el medio plazo

Sacha Michaud, cofundador de Glovo.
Sacha Michaud, cofundador de Glovo.

Tras trabajar en el sector tecnológico desde los años 90, a principios de la década del 2010, Sacha Michaud (Londres, 1969) tuvo una idea: crear un Uber para las cosas. Tras estudiar la explosión de la compañía norteamericana, entendió que el futuro pasaba por aprovechar las posibilidades de los smartphones para crear una plataforma que conectara, de manera rápida, sencilla y barata, clientes con comerciantes. El proyecto tomó forma en 2014, cuando conoció a Óscar Pierre, recién llegado de Estados Unidos y fascinado también por la historia de Uber. La primera versión de Glovo vio la luz en Barcelona en marzo de 2015, y el éxito fue inmediato. Hoy tienen presencia en 22 países y acumulan 7,5 millones de usuarios en todo el mundo, con 55.000 comerciantes asociados y el mismo número de repartidores. En los últimos meses, con la población confinada, la empresa ha seguido ofreciendo sus servicios para que la población más vulnerable pudiera acceder a alimentos y medicinas.

¿Cómo se alcanzan las cifras que manejan ustedes en apenas cinco años?

Fundamentalmente, uniendo personas. No hacemos otra cosa. Alguien quiere algo, le ponemos en contacto con la persona que lo vende y luego hay un intermediario, que es el que lleva el producto. Lo que más nos gusta es unir gente y resolver necesidades.

¿Imaginó cuando fundó Glovo que viviría algo como el coronavirus?

Tanto Óscar como yo siempre hemos tenido una ambición muy grande, siempre hemos pensado en grandes proyectos. Sí que creimos siempre que seríamos parte de la solución si alguna vez se daba una crisis de movilidad como la que hemos tenido.

¿Cuándo se dieron cuenta de que esta crisis iba a ser algo serio?

Nos dimos cuenta de lo importante que íbamos a ser cuando los Gobiernos empezaron a declarar los servicios de reparto como un sector esencial. Nos tuvimos que poner manos a la obra.

¿Cómo se adaptaron?

El primer punto fue la seguridad y la salud. Establecimos unos protocolos para garantizar que no había contacto físico entre comerciantes, repartidores y clientes. Para ello tuvimos que cambiar también la plataforma y la aplicación, que no estaba preparada para esta falta de contacto. En algunos países como España tuvimos que adquirir material sanitario. Y esto, sin olvidar que muchos comercios al principio decidieron cerrar por completo, lo que afectó al volumen de pedidos.

¿Esos comercios volvieron a la plataforma?

Sí, y además se han sumado muchos que hasta ahora no estaban interesados en el reparto a domicilio. Ahora muchos negocios miran más a largo plazo y entienden que este servicio forma parte de su salvación.

¿La incorporación del comercio tradicional ha sido para ustedes un impulso en mitad de la crisis?

El comercio de la calle siente que esto va a ser una batalla a largo plazo, que la recuperación va a ser lenta y que necesita aliados, y nosotros lo somos. Hay informes que dicen que, incluso una vez pasada la crisis, los negocios que no se digitalicen pueden perder un 20% de facturación debido al cambio de hábitos de los consumidores. Y hay que pensar que más del 90% de nuestros colaboradores son pymes.

En este contexto, ¿cómo son de importantes para ustedes las alianzas? Recientemente han firmado acuerdos con marcas como Cruzcampo o Tinder.

No somos nadie sin los demás. Y al revés, pues sin nosotros muchos colaboradores no podrían operar online de una forma eficaz y rápida. Nos complementamos bien.

El Gobierno busca sacar una ley que les obligaría a dar de alta en la Seguridad Social a los repartidores. ¿Están preparados para un cambio así?

Llevamos años diciendo que a través del diálogo con el Gobierno y con los agentes sociales se pueden encontrar soluciones. Siempre hemos dicho que hace falta más seguridad jurídica, sobre todo en España. Operamos en 22 países, y solo hay ruido sobre esto en el nuestro, es lamentable que esto sea así. Abogamos por regulaciones que sean coherentes con el futuro y que no pongan puertas al campo. Ahora bien, nosotros nos adaptamos a las leyes en todos los países donde trabajamos. España no será una excepción.

Pero para ustedes los repartidores son solo colaboradores.

Sí, nuestra postura es que los riders son colaboradores autónomos, y cuando digo autónomo lo digo en un sentido amplio. Son autónomos a la hora de elegir a qué hora trabajan, cuántas quieren trabajar, si trabajan dos días o trabajan un mes... Esta flexibilidad es lo que más valoran, porque les permite adaptar el trabajo a su vida. Estos son los hechos.

¿Cómo será su estrategia de expansión en los próximos años?

Tras la última ronda de financiación a finales del año pasado, nuestro principal objetivo es ser rentables para mediados del año que viene. Seguiremos creciendo en países donde ya estamos, y si vemos muy claro entrar en alguno más, lo haremos, pero no puede afectar a nuestra meta de rentabilidad.

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