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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Una crisis más dura de lo previsto y que exigirá la ayuda de todos

El reto para los próximos meses pasa por apuntalar la progresiva vuelta al crecimiento y consolidar los primeros frutos de la recuperación

CINCO DÍAS

La virulencia de la crisis económica que asola Europa como consecuencia de las medidas de contención de la pandemia del Covid-19 está siendo más grave y profunda de lo esperado. Así lo aseguraba ayer la Comisión Europea al actualizar a la baja sus previsiones de evolución económica en la UE y dar un tijeretazo especialmente contundente a las cifras de España. Bruselas estima que la economía española retrocederá un 10,9% este año frente a la caída del 9,4% que auguraba en primavera, lo que coloca al país como el segundo más golpeado por la crisis de toda la Unión Europea, tras Italia. El hecho de que la CE haya rebajado las previsiones de toda la zona euro oscurece todavía más un horizonte de recuperación en el que ningún país puede jugar en solitario y que va a resultar más duro y complejo de lo que se creía. Pese a que los números de Bruselas confirman para España crecimientos positivos en los dos últimos trimestres del año, 2020 será recordado como una debacle sin precedentes en la economía española y europea tanto por la intensidad como por el inesperado origen de la crisis.

Las nuevas previsiones de la Comisión se refieren a un escenario en el que coexisten factores de riesgo de difícil control, como es el caso del Brexit y su potencial efecto negativo sobre la recuperación, con otros que dependen de la voluntad política de los socios europeos y que resultan indispensables para afrontar la reconstrucción, como la aprobación del fondo de ayuda extraordinaria para la recuperación. En ese horizonte común cada Gobierno europeo debe asumir su parte del trabajo, que pasa por aprobar un plan integral de reformas y medidas de apoyo al tejido empresarial que permita reanudar la actividad y frenar la destrucción de empleo, al tiempo que se atiende a la protección social de los colectivos más desfavorecidos por la crisis.

Una vez asumido que la reconstrucción va a ser larga y difícil, el reto para los próximos meses pasa por apuntalar la progresiva vuelta al crecimiento y consolidar los primeros frutos de la recuperación. Para ello es fundamental que Europa apruebe cuanto antes los planes de ayuda propuestos y que todos los fondos e instrumentos disponibles se pongan al servicio de la transformación y la flexibilización de las economías. El Gobierno debe afrontar esa tarea en colaboración con patronales y sindicatos y en un clima de diálogo político y social, manteniendo el tiempo que sea necesario los instrumentos de protección a las empresas, como los créditos, los avales y los ERTE, evitando descartar soluciones que han demostrado su efectividad y sin perder de vista la necesidad de volver tan pronto sea posible a la senda de la sostenibilidad y la consolidación fiscal.

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