Bernardo Cardín: “Hemos tenido ofertas agresivas por la empresa”

Asegura que la crisis del Covid-19 es una más en el largo historial de avatares vividos en la empresa que preside, con 130 años de historia

Bernardo Cardín, presidente del grupo El Gaitero.
Bernardo Cardín, presidente del grupo El Gaitero.

Fundada en 180 por tres familias, los Valle, los Ballina y los Fernández. Ahora son estos últimos los que controlan el accionariado del grupo El Gaitero, que continúa teniendo su base de operaciones en Villaviciosa (Asturias). Bernardo Cardín (Villaviciosa, 1941) estudió Económicas en Madrid, hizo unas prácticas en el negocio de familiar antes de entrar a formar parte de la plantilla en 1969. Desde entonces, ha pasado por diferentes puestos de responsabilidad hasta ocupar el cargo de presidente del mayor grupo de sidra de España, que factura 24 millones de euros al año, da empleo a 170 personas, y vende 20 millones de botellas, de las cuales 16 se despachan en el mercado nacional.

¿Cómo consigue una empresa familiar cumplir 130 años?

Manteniendo unos criterios de prudencia y de ética personal, profesional y de comportamiento mercantil. La seriedad en el trabajo, en el desarrollo del negocio y el compromiso familiar son elementos importantes y los hemos cumplido. Mi papel ha sido muy sencillo, ha sido el de ser consciente de cuáles eran esos principios fundadores y adaptarlos a las circunstancias del momento. Uno de ellos, muy importante, ha sido el de no salirnos geográficamente de donde estamos, y eso ha sido un acierto, porque tenemos 30.000 visitas al año a la bodega.

¿Cómo están viviendo el momento crítico actual?

En 130 años hemos vivido muchos momentos difíciles. En nuestra historia se perdieron las Colonias, la guerra de Filipinas, la de África, la I Guerra Mundial, la gripe española de 1918, que fue tan gorda o más que lo de ahora, la guerra civil, la II Guerra Mundial… alguna guerra de empresa por algunos con mucha ambición. Y siempre nos hemos adaptado al momento que tocaba, y ahora lo seguimos haciendo. La crisis la estamos viviendo con tranquilidad, sabiendo que estos meses son importantes debido a la caída del consumo. La sidra no es un producto de primera necesidad, pero estamos sorteando las dificultades y esperamos que para Navidad ya tengamos una vacuna o tratamiento.

La sidra ya no es un producto estacional.

Hay muchos productos. Ya se toma como aperitivo, debido a que la hacemos con segunda fermentación con el mismo sistema que el cava o el champán. Además, nos hemos adaptado a los nuevos tiempos y hemos sacado diferentes sidras, como la de hielo que se puede tomar como licor. Sacamos productos cuando vemos una oportunidad en el mercado o vemos que en otros países productores, como Reino Unido, Irlanda, Francia, Bélgica o Alemania, lo están desarrollando. La única sidra sin alcohol la hemos sacado nosotros. Yo pertenezco a la cuarta generación y nosotros hemos hecho más en los últimos 15 años que en los 115 anteriores.

¿A qué se debe este último despegue?

A la inquietud y a una vocación de empresa familiar y de gobernanza. Durante los primeros cien años, digamos que era un sector en el que no había profesionales de cada departamento de producción, ni los miembros de la familia tenían la preparación adecuada, en ingeniería o en química. Ahora tenemos profesionales con inquietudes, además de tener a la quinta generación incorporada a la empresa.

¿Cómo se gestionan los conflictos familiares durante más de un siglo?

Desde 1990 tenemos un protocolo familiar, en el que hemos establecido unas normas de relación de la empresa y la familia. Hay muchos miembros de la familia que trabajan en otros campos o como autónomos. Cuando se genera la necesidad de cubrir un puesto, los miembros de la familia tienen opción a participar en competencia con candidatos externos. Aunque sean de la familia tienen que cumplir con los mismos requisitos.

¿Recibe ofertas para vender la empresa?

Hemos tenido alguna muy agresiva para vender la compañía. En los años ochenta hubo un intento fuerte, cuando Ruiz Mateos hizo verdaderos esfuerzos para hacerse con el control. Esto fue lo que motivó la salida de la familia Ballina, que vendió su participación a Ruiz Mateos, y cuando la expropiación pasó a patrimonio del Estado tuvimos que comprar estas acciones. Fueron años muy duros, porque Ruiz Mateos fue muy insistente, desarrolló su imaginación para cumplir su objetivo. Siempre hay fondos de inversión que hacen un intento de aproximación, pero queremos seguir siendo una empresa familiar. No nos gustaría que se vendiera, pero esas cosas pasan.

¿Ha pensado en la retirada?

Sí, lo he pensado. En la dirección de la empresa estamos mi hermano José y yo, él tiene 78 años y yo 79. Estamos, no como muebles, sino viendo cómo se cede el testigo para finalizar el relevo generacional. Porque quién nos suceda tiene que tener respeto a la tradición y a los valores de la empresa, además de una preparación técnica y personal adecuada. Y estoy satisfecho de cómo se está ultimando el cambio generacional. El arraigo a la tierra es importante, tuvimos la oportunidad de irnos de Villaviciosa, pero tenemos un gran compromiso con el entorno y con las personas. Es importante tener ética en el desarrollo de la actividad empresarial, además de compromiso familiar.

¿Hay suficientes manzanas en Asturias para tanta sidra?

No. Nuestras plantaciones están homologadas por la D.O. de origen, pero tenemos que complementar con otras de otros sitios. Además, los años pares hay pocas, ya que en esta tierra nunca se cultivaron. Los manzanos daban fruto a su aire y para tener un rendimiento homogéneo hay que cultivarlos.

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