Quiero donar dinero a mis hijos, ¿es el momento?

Realizar un ejercicio de planificación patrimonial y sucesoria nos ayudará a a visualizar cuál es la mejor estrategia para nosotros y nuestra familia

Quiero donar dinero a mis hijos, ¿es el momento?

Las circunstancias excepcionales y las noticias sobre cambios fiscales han llevado a muchas familias a plantearse la conveniencia o no de donar parte del patrimonio a los hijos. Esta decisión, que supone adelantar la herencia, no debe tomarse únicamente por razones fiscales, ni nos podemos fijar solo en los efectos en el corto plazo de una decisión que tiene múltiples implicaciones. Sin embargo, pensar en el futuro y en los temas sucesorios nos cuesta mucho y, en la mayoría de las ocasiones, o posponemos este ejercicio o nos limitamos -en un número reducido de casos- a hacer testamento.

“Cuando queremos traspasar nuestro patrimonio a la siguiente generación, el testamento solo no vale. Si quieres hacerlo bien, es necesario llevar a cabo previamente un buen ejercicio de planificación patrimonial y sucesoria”, explica Belén Alarcón, socia directora de asesoramiento patrimonial de Abante. Nos encontramos ante una cuestión que va más allá de lo económico y que afecta también a los ámbitos personal y familiar. Como señala Alarcón, “las familias no se pelean por pagar algo más de impuestos, se pelean por cómo se distribuye el patrimonio”.

Además, al plantearnos esta cuestión, debemos tener presente que cuando no decidimos nosotros, es la ley la que lo hace. Y eso, de nuevo, puede provocar problemas a nuestros seres queridos y generar ineficiencias. De ahí la importancia de hacer un ejercicio de planificación patrimonial y sucesoria en el que contextualicemos muy bien esta decisión y su coste económico (a corto, medio y largo plazo), valorando la composición del patrimonio.

Para evitar que las emociones nos lleven a tomar decisiones equivocadas, es imprescindible partir para este ejercicio una serie de preguntas, como, por ejemplo: ¿qué quiero para mí? ¿Cuánto dinero voy a necesitar para vivir en el futuro como deseo? ¿Qué quiero para mis hijos? ¿Necesitamos ayudar más a uno de ellos? ¿Cómo puedo evitarles conflictos? ¿Qué pasará con mi empresa o con este inmueble? ¿Si no tenemos capacidad para tomar decisiones, quién se encargará? ¿Cómo puedo evitar que mis hijos hagan un uso ineficiente del patrimonio? ¿Qué activos son los más adecuado para traspasar a la siguiente generación?

Saber cuánto dinero vamos a necesitar a lo largo de nuestra vida para cumplir nuestros objetivos, nos ayudará a organizar nuestro patrimonio de la mejor manera, tanto para nosotros como para las personas que más nos importan. Por eso es muy importante hacer un ejercicio de planificación financiera global en el que tengamos en cuenta las diferentes opciones para nuestra familia antes de tomar decisiones sucesorias.

Y, aunque la fiscalidad no debe ser el motivo principal para tomar decisiones sucesorias, una vez tomada, sí hay que hacer un análisis de las diferentes opciones para minimizar el impacto fiscal. Así, hay que tener en cuenta que los bienes que se dejan en herencia o que se donan en vida tributan en el impuesto de sucesiones y donaciones, que está cedido a las comunidades autónomas, por lo que el importe que se paga varía en función de la región que vincule para cada tipo de activo.

En general, se aplica la tributación del lugar en el que haya residido más tiempo en los últimos cinco años el del fallecido en el caso de la sucesión o del donatario en el caso de la donación. Sin embargo, cabe recordar que cuando se trata de la donación en vida de un inmueble, cuya tributación está vinculada a la comunidad en la que se encuentra ubicado este.

Además, en el caso de las donaciones, el donante deberá tributar por lo que haya ganado desde la compra del bien hasta el momento de la donación (esta plusvalía no tributa en el caso de la sucesión), así, por ejemplo, regalar la vivienda a un hijo supondrá un coste tanto para el hijo (ISD) como para el padre (IRPF y plusvalía municipal).

 

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