Los problemas de las cadenas de suministros que ha destapado el Covid-19

Incidentes como el de las remesas de mascarillas de baja calidad muestran la urgencia de afrontar el permanente reto de los riesgos ocultos de terceros

Los problemas de las cadenas de suministros que ha destapado el Covid-19

El Covid-19 hizo que temas que ayer se discutían en las conferencias especializadas de profesionales del cumplimiento, saltasen a las portadas de todos los periódicos. La tensión en las cadenas de suministro de las empresas se veía agravada de forma exponencial por la pandemia, que mostraba al gran público los riesgos que padecen e incrementaba la delincuencia, el fraude, la corrupción o la falta de transparencia. Con la llegada de la pandemia, sonaron todas las alarmas por la imperiosa necesidad de proveerse de material sanitario específico para luchar de forma convincente y segura contra el nuevo virus. Sin embargo, las limitaciones de las cadenas de suministro locales, y los problemas con proveedores radicados en mercados lejanos, afectó a una gran numero de los sistemas de salud mundiales. Lo vimos en el caso de mascarillas sanitarias que no cumplían los requisitos de calidad exigidos o de remesas de material sanitario que llegaban tarde o nunca. La disrupción de las cadenas de suministro y la escasa fiabilidad de los proveedores ha sido un hecho generalizado.

Nos enfrentamos a un asunto, desafortunadamente de máxima actualidad, pero de gran complejidad. La dificultad de conocer quiénes forman parte de las cadenas de producción se convierte en una tarea nada fácil en el momento que se necesitan un gran volumen de proveedores. Hecho que se agudiza cuando estos se encuentran localizados a grandes distancias del mercado principal al que suministran. El Covid-19 ha demostrado que la falta de credenciales de terceros tiene efectos dramáticos.

Una reciente encuesta que hemos realizado en 16 países con profesionales especializados en gestión de relaciones con terceros, riesgos y cumplimiento, ofrece datos muy reveladores. En el mundo, el 43% de proveedores con quienes las empresas subcontratan no pasan por procesos de control de debida diligencia (due dilligence) lo que indica un evidente vacío en el cumplimiento formal. Estos controles son fundamentales para asegurar los requisitos exigibles, según cada jurisdicción, sobre calidad, seguridad, y sostenibilidad, entre otros aspectos, que hacen que una relación comercial con una tercera parte sea confiable. En España, los datos no son más alentadores, al subir esta cifra al 47%, frente al 34% en EEUU y 37% en Reino Unido.

Si profundizamos aún más en las cadenas de suministro, los proveedores de proveedores son también claves. Un 62% desconoce que parte de su negocio es externalizado por sus proveedores. En España este porcentaje sube al 81% (frente al 38% de Alemania o el 43% en Francia. Además de la pandemia, las presiones competitivas a las que se enfrentan las organizaciones en un mundo cada vez más globalizado pueden traducirse fácilmente en un aumento de los riesgos ocultos. Así, el 63% de los encuestados coinciden en que el clima económico está favoreciendo que las organizaciones asuman mayores riesgos regulatorios para captar nuevos negocios. Situación que podría estar relacionada con el hecho de que un 83% de encuestados en España sospecha que alguno de sus socios/proveedores está involucrado en actividades ilegales.

De los resultados cabria interpretar también que en España somos más reactivos que en países con sistemas de debida diligencia maduros. España es el país de todos los encuestados donde sube más el gasto en procesos de debida diligencia tras una investigación judicial: un 66% dijo que creció de manera muy significativa, en contra de lo que dijeron los encuestados en Singapore (17%), Francia (19%) o Alemania (20%), en los que el gasto si creció algo tras tal investigación, pero no de manera acusada.

Todos los datos anteriores reflejan que la actual falta de controles de debida diligencia y el desconocimiento existente en las organizaciones sobre terceros con los que se subcontrata son preocupantes. En temas de corrupción, por ejemplo, las empresas operan en un entorno regulatorio que se va haciendo más riguroso, en especial en ciertas jurisdicciones. Por ejemplo, en 2019 empresas de todo el mundo recibieron sanciones por un total de 2.900 millones de dólares, una cifra sin precedentes, en el marco de la Ley de prácticas corruptas en el extranjero (FCPA) de los EEUU, y muchos empleados de estas empresas fueron considerados responsables de infracciones.

La buena noticia es que con un entendimiento real de los riesgos a los que se enfrentan, invirtiendo en mejores datos, la tecnología adecuada, y la colaboración entre los diferentes equipos de una organización, el riesgo de terceros puede gestionarse y mitigarse con éxito. El papel del liderazgo de esas organizaciones, de sus dirigentes y de sus consejos de administración, es crítico para que las empresas den la prioridad y se doten de los recursos necesarios para un adecuado entendimiento de las cadenas de suministros.

Finalicemos con una nota positiva, estamos ante una gran oportunidad para que las organizaciones con visión de futuro, sepan abordar el permanente reto de los riesgos ocultos de terceros. Para lograrlo deberán transformarse para convertir una amenaza creciente en una valiosa ventaja competitiva. Esto solo será posible tomando un enfoque inteligente: utilizar la tecnología de última generación para optimizar los niveles de eficiencia, ahorrar tiempo y reducir los costes de las empresas para la identificación inicial de los riesgos, y realizar las evaluaciones de diligencia debida necesarias para gestionar de forma eficaz el control de terceros.

María Sánchez-Marin Melero es la Directora de Enhanced Due Diligence EMEA en Refinitiv