‘El último baile’ de Jordan es también el del capitalismo de EE UU

Personifica una época en la que la interminable dominación del país parecía tan indiscutible como un mate

Michael Jordan, en un partido de la final de la NBA de 1997, contra los Utah Jazz.
Michael Jordan, en un partido de la final de la NBA de 1997, contra los Utah Jazz. Getty Images

Solo hay un atleta que pueda decir que sus exoponentes aún usan zapatos con su silueta: la leyenda del baloncesto Michael Jordan. El último baile, el documental de ESPN sobre la dinastía de los Chicago Bulls en los años noventa, destaca la increíble ética de trabajo y vocación del cinco veces MVP (jugador más valioso). Pero también le muestra como un matón hipercompetitivo con una mentalidad de ganar a toda costa. En resumen, personificó el capitalismo americano en un momento en el que la interminable dominación del país parecía tan indiscutible como un mate.

Jordan ayudó a definir la década de los noventa. En los años de auge tras la caída de la URSS, el lugar indiscutible del jugador en la NBA reflejaba la imagen que el país tenía de sí mismo. Podía hacer lo aparentemente imposible, como seis tiros de tres puntos en la mitad de un partido. Asimismo, después de la recesión de principios de la década, la economía estadounidense empezó a disfrutar de lo que solo recientemente había parecido inimaginable: baja inflación, sólido crecimiento económico y superávit presupuestario.

MJ, como se le conocía, se convirtió en la cara de esta América. En 1984, Nike le ofreció un contrato de cinco años por 2,5 millones de dólares en efectivo, una suma inaudita. Pero recuperaron su inversión: sus zapatillas Air Jordan aportaron más de 100 millones de dólares el primer año. Apareció en anuncios de marcas icónicas como McDonald’s, los cereales Wheaties, la ropa Hanes, y Gatorade, lo que le permitió ganar unos 30 millones al año a principios de los noventa, según Sports Illustrated. Se convirtió en una marca y, como otras marcas icónicas estadounidenses, pudo cobrarse la prima.

También ayudó a elevar la NBA a su estatus actual, fusionando deportes y entretenimiento. Cuando sus Chicago Bulls fueron comprados en 1985, el precio de la etiqueta era de unos 16 millones de dólares, el equivalente a casi 40 millones actuales. El equipo vale ahora alrededor de 3.200 millones, según Forbes. La popularidad de Jordan ayudó a extender el alcance global del juego, especialmente con el llamado Dream Team, el grupo de estrellas de la NBA que ganó el oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona’92. La NBA es ahora una de las ligas deportivas más populares del mundo.

Pero el éxito de Jordan vino con una serie de desventajas incorporadas. Por ejemplo, El último baile muestra que era tan competitivo que avergonzaba a los jugadores contrarios que creía que lo habían menospreciado. Incluso intimidaba a sus propios compañeros de equipo. Argumentaba que si no podían soportarlo, no podrían enfrentarse a los mejores talentos de la liga. Golpeó en la cara a su compañero de equipo Steve Kerr durante un entrenamiento… una versión solo algo más extrema de las historias de consejeros delegados lanzando sillas.

Una de sus citas más infames es también la más capitalista. Cuando le preguntaron en 1990 por qué no apoyaría a un candidato afroamericano que se presentaba a un escaño del Senado de Carolina del Norte contra un antiguo oponente de la legislación de derechos civiles, bromeó: “Los republicanos también compran zapatillas”.

Sus exageradas exigencias de perfección recuerdan a los iconos de la época, como Steve Jobs, que incluso se obsesionó con encontrar el tono correcto de beige para una carcasa de ordenador. Al igual que con el cofundador de Apple, es difícil discutir el éxito de Jordan. Ganó en dos ocasiones tres campeonatos de la NBA seguidos, y estableció muchos récords. Jordan estaba ciertamente rodeado de all-stars, incluidos sus compañeros de equipo Scottie Pippen y Dennis Rodman, igual que Jobs tuvo al cofundador Steve Wozniak y al diseñador de producto Jony Ive. Pero así como Apple no tuvo un buen rendimiento después de que se expulsara a Jobs en 1985, los Bulls se perdieron la final durante el paréntesis de casi 18 meses de Jordan jugando al béisbol.

Desde que en enero de 1999 dejara el club, este nunca ha ganado otro campeonato. América también ha vacilado. La guerra de Irak tras el 11S de 2001, la crisis de 2007-08 y el caótico mandato de Donald Trump han perjudicado al prestigio mundial del país. Y el ascenso de China amenaza su hegemonía.

Además, el capitalismo estadounidense, un sistema que hizo de Jordan un multimillonario, ya no parece inexpugnable. En una encuesta de Gallup del año pasado, su popularidad entre los jóvenes estadounidenses había caído unos 15 puntos porcentuales desde 2010, y eso era con el paro cerca de su nivel más bajo en 50 años. Ello se debe en parte a que la brecha de riqueza entre los hogares más ricos y más pobres del país se ha duplicado con creces desde 1989, según el think tank Pew Research Center. Así que el país sigue teniendo Silicon Valley, el mercado de capitales más profundo y líquido del mundo y el todopoderoso dólar. Pero la invencibilidad de la era Jordan ha desaparecido.

El último baile tuvo un promedio de 5,6 millones de espectadores por episodio en ESPN y ESPN2, según los datos iniciales de Nielsen, lo que lo convierte en el documental más popular de la cadena. Ayudó a llenar el vacío de programación deportiva generado por el Covid-19. Pero, con el país contra las cuerdas, probablemente también resuene porque es la historia del fin de una era. Los analistas predicen que la economía de EE UU comenzará a mejorar este año, pero algunos creen que el descenso será corto, mientras que el ascenso será lento y largo. Se la está bautizando (adecuadamente) como una recuperación con la forma del logo de Nike.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías