Los destinos de lujo sueñan con que el otoño sea primavera

Con la campaña ‘#Moveyourspring’, Ibiza quiere estirar la temporada de turismo estival

Yates atracados en Puerto Banús, Marbella.
Yates atracados en Puerto Banús, Marbella. Getty Images

Las imágenes lo dicen todo. Dos jóvenes encerrados en su casa tratan de matar el tiempo leyendo o mirando el calendario. Una voz, la de la isla de Ibiza, interpretada por la bailarina Nieves Portas, se dirige a ellos: “Sé que estáis en casa y noto vuestra preocupación. Quiero que sepáis que estoy aquí, que sigo esperándoos, que saldremos de esta, y que, cuando todo esto pase, celebraremos juntos la vida”. El vídeo forma parte de #Moveyourspring, una campaña publicitaria ideada por el consultor hotelero Daniel Carretero que ya ha conseguido el apoyo de unas 150 empresas de Ibiza. Su objetivo, cuenta, es convencer a los turistas de que todo lo que tenían previsto hacer en primavera y no pudieron por el coronavirus aún se puede llevar a cabo en otoño, cuando el suave clima insular auspicie eventos bajo estrictas medidas de seguridad e higiene.

“Hace 25 años, el turismo en Ibiza duraba ocho meses, y ahora empieza en mayo y acaba a finales de septiembre. Hay que alargar esto. Nuestro objetivo tiene que ser hacer un buen octubre y noviembre y sembrar para recoger en 2021”, explica Juan Miguel Costa, director insular de Turismo del Consell de Ibiza, en una charla online ofrecida por Hosteltur la semana pasada.

En esta idea también ahonda Laura de Arce, directora general de turismo del Ayuntamiento de Marbella: “Nosotros trabajaremos en la idea de alargar el verano. Estamos ante una oportunidad interesante de vender el buen clima que tenemos más allá de los meses de julio y agosto, donde además suele haber mucha aglomeración de turistas”.

Por su parte, Carmen de Miguel, coordinadora de turismo del Ayuntamiento del municipio tinerfeño de Adeje, se adhirió también a esta postura: “El verano solo nos servirá de banco de pruebas para el otoño. Ese será nuestro momento”.

A pesar de las recomendaciones emitidas este miércoles por la Comisión Europea para salvar el turismo –que representa un 10% del PIB de la UE– en los meses de verano, los profesionales del sector no cuentan con que se consiga una buena temporada. Tampoco tienen esperanza en los lugares más orientados a un turismo de lujo. En Ibiza, tras rondar el 87% de ocupación en 2019, en pleno mes de mayo apenas tienen abiertos cinco –todos para combatir el coronavirus– de sus 550 hoteles. En las islas Canarias, casi el 40% de los ERTE de la zona se han dado dentro de los 13 municipios que componen la Asociación de Municipios Turísticos de Canarias, entre los que se encuentra Adeje. Por su parte, Marbella se ha convertido en una máquina de generar paro en la Costa del Sol, con una subida de más del 8% de desempleados en abril que, con todo, atenuó el inmerso golpe que supuso el mes de marzo, con un aumento por encima del 17%. Son datos, estiman los responsables de turismo, difíciles de remontar tan pronto.

La receta, más allá de mirar ya a la temporada de otoño, pasa por vender seguridad y confiar en el poder adquisitivo de sus turistas. “El año pasado vinieron 10.000 aviones privados a Ibiza. Si lo hacemos bien, podrán seguir viniendo”, vaticina Costa. Para esto, por ejemplo, Marbella trabaja ya en el lanzamiento de un certificado sanitario Covid Free, mientras Adeje, donde uno de cada tres hoteles son cinco estrellas, va a destinar 14,6 millones de euros a reactivar la economía tras la crisis y está ultimando la redacción de 29 protocolos sanitarios.

“El turista de lujo viaja mucho y está deseando hacerlo. Además, es fiel y no necesita a los turoperadores”, explica De Miguel. En este sentido, tiene sus reservas al respecto Jaime López-Bravo, responsable de las relaciones con los socios de Exoticca, empresa de viajes de lujo: “El turista exclusivo se va a encontrar con muchas restricciones para viajar y muchas limitaciones por parte de las aerolíneas”.

Por ahora, destinos internacionales como Sudáfrica se imponen entre el turista angloparlante, mientras que países como Perú están despertando el interés de los viajeros españoles que, gastos aparte, están dispuesto a pagar más de 3.000 euros solo por llegar a su destino.

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