John Malone: el cosheriff de las telecos británicas viene del oeste

El socio de Telefónica en O2 Virgin Media hizo fortuna en la TV por cable de EE UU

John Malone, presidente de Liberty Global.
John Malone, presidente de Liberty Global.

Nació en el este de Estados Unidos, encontró su sitio en el oeste y acabó explorando todo el mundo. John Carl Malone (Milford, Connecticut, EE UU, 1941), el nuevo socio de Telefónica en la joint venture O2 Virgin Media, hizo fortuna durante más de dos décadas en la televisión por cable, y ahora le ha echado un buen lazo a las telecomunicaciones británicas.

Con un patrimonio de 6.900 millones de dólares (según Forbes), es el presidente y accionista principal (mediante títulos de doble clase) de Liberty Global, que integra sus negocios de telecomunicaciones fuera de EE UU. También controla Qurate Retail Group, de comercio y marketing electrónico y por televisión, y Liberty Media, que reúne sus participaciones mayoritarias en la organizadora de la Fórmula 1, los Atlanta Braves de béisbol y la operadora de radio por satélite y online SiriusXM.

Malone evita el protagonismo y el estilo de vida glamuroso y se va de vacaciones en autocaravana. Se le han asignado varios apodos: el más conocido, el de Vaquero o Cowboy del Cable. Un verano en una granja familiar de Pensilvania está detrás de su pasión por las tierras: es el mayor propietario privado de Estados Unidos, y tiene también castillos y hoteles en Irlanda, de donde procede su familia (es católico). Posee una mansión en Florida, pero vive en Colorado con su mujer Leslie, que se dedica a la doma y a la cría de caballos. Tienen dos hijos, uno de los cuales, Evan, está en el consejo de Liberty Media.

Políticamente, el dueño de Liberty se considera libertario. Aunque fue uno de los principales donantes para la ceremonia de investidura de Donald Trump, y valora su capacidad para “identificar problemas”, considera que no es el adecuado para solucionarlos, porque no crea equipos, y genera “caos”.

Deporte en el instituto

Creció en Milford, dos horas al norte de Nueva York. Estudió en la Escuela Hopkins de New Haven (Connecticut), la tercera escuela de secundaria independiente más antigua de EE UU, de carácter privado. Él, cuenta Business Insider, recuerda que no se sentía integrado, así que se dedicó al deporte. Sobresalió en esgrima, atletismo y fútbol, a base de esfuerzo, dice, más que de habilidad. El departamento de ciencias de la Escuela Hopkins lleva su nombre, en honor a una donación.

Su padre era ingeniero, y él se licenció con honores en Ingeniería Eléctrica y Economía por Yale, también en New Haven, e hizo dos másteres: en Gestión Industrial por la Johns Hopkins y en Ingeniería Eléctrica mediante un programa de la Universidad de Nueva York y los Bell Labs de AT&T, su primera experiencia en las telecomunicaciones. Se doctoró en Investigación de Operaciones (aplicación de métodos analíticos avanzados para ayudar a tomar mejores decisiones) por la Johns Hopkins.

En 1968, Malone entró en la consultora McKinsey, en Nueva York, con clientes como General Electric e IBM. Allí comprobó el desdén de los inversores hacia las empresas de TV por cable. Tres años después prefirió un trabajo más tranquilo pero peor pagado, y fichó como vicepresidente de grupo del fabricante de electrónica General Instrument Corporation (GI) –que acabaría absorbida por Motorola–; en esa etapa, presidió la filial Jerrold Electronics, que producía minicomputadoras para la televisión por cable.

El Vaquero del Cable

Conoció a Bob J. Magness, que le ofreció dirigir, con solo 29 años, su proveedor de televisión por cable Tele-Communications Inc. (TCI), que estaba casi en quiebra, con 400.000 suscriptores. Malone y su esposa marcharon a Colorado.

TCI se convirtió en la mayor empresa de cable de EE UU, con 8,5 millones de usuarios en 1990. Poco después intentó, sin éxito pese al apoyo del vicepresidente Al Gore, una fusión con la telefónica Bell Atlantic (una de las baby bells resultantes de la desintegración de AT&T por imposición de los organismos antimonopolio), ahora Verizon. Finalmente, AT&T compró TCI en 1999 por 48.000 millones de dólares, aunque luego acabaría, ya disuelta como tal, en manos de Comcast.

El cowboy siguió adelante en solitario con la operadora de redes de televisión y telecomunicaciones Liberty Media, exfilial de TCI. Malone la preside y llegó a dirigirla interinamente. Fue diversificando el negocio entrando en los contenidos, con la compra de los estudios de cine Lions Gate (La La Land) o la empresa que organiza el campeonato de automovilismo de Fórmula 1 (en 2017 por 4.400 millones). También ha invertido en la Fórmula E, de bólidos eléctricos.

Además, compró participaciones en Discovery (de la que es consejero), ITV, AOL o News Corp, donde chocó con Rupert Murdoch, otro libertario. Acabó dejándola a cambio de un 40% de DirecTV, el mayor operador de TV por satélite de EE UU, de la que también terminaría saliendo. Adquirió Time Warner Cable por 55.000 millones en 2015, para dominar el negocio de la banda ancha en Estados Unidos.

Se expandió por América Latina (Chile, Puerto Rico, Caribe) y por varios países europeos, de alguno de los cuales, como Alemania, se ha ido en los últimos años, vendiendo activos, entre otros, a Vodafone. Sigue en Bélgica, con la marca Telenet; en Polonia, Eslovaquia y Suiza, con UPC; en Países Bajos, con el 50% de la joint venture VodafoneZiggo; y sobre todo en el Reino Unido, con Virgin Media.

Malone la compró en 2013, por 15.000 millones de libras (17.000 millones de euros). Es la heredera de la marca de Richard Branson, que tiene derecho a llevar hasta 2036, y una potencia en banda ancha fija y televisión de pago, mientras que O2 lo es en telefonía móvil. La compañía resultante ya rivaliza con la dominadora BT en usuarios, y es la mayor operación acordada en el mundo desde la llegada del Covid-19. Malone quiere ser más que un vaquero en las islas, y junto a Telefónica, convertirse en el sheriff de las telecos británicas.