Una banca que afronta la crisis de forma proactiva y más comprometida

Desde el sector financiero se está yendo más allá de los límites de la moratoria hipotecaria del Gobierno y negociando de forma personalizada con los clientes

Casi la mitad de los hogares afectados por la crisis provocada por el Covid-19 que cuentan con una hipoteca no cumplen las condiciones para acceder a la moratoria aprobada por el Gobierno con el fin de suavizar esa carga financiera. La razón es que entre los cuatro requisitos que la norma exige figura que se destine al menos el 35% de los ingresos netos a abonar el préstamo hipotecario, un umbral al que no llegan entre un 40% y un 50% de los hogares potencialmente candidatos, según cálculos de la banca y de las asociaciones de consumidores. El porcentaje de hogares que cumplen con todos los requisitos fijados por el Gobierno apenas asciende al 10%, lo que apunta a la necesidad de flexibilizar la norma para que pueda lograr su objetivo –proteger a las familias con mayor riesgo de vulnerabilidad– y evidencia una vez más la precipitación y el grueso bisturí con el que se han diseñado algunas de las medidas paliativas de esta crisis.

Desde el sector financiero se está yendo más allá de los estrechos límites de la moratoria del Gobierno y negociando de forma personalizada con los clientes las condiciones de esta. Los datos apuntan a que cada una de las grandes entidades bancarias está gestionando de media en torno a 5.000 solicitudes personalizadas de hogares que no cumplen con los cuatro supuestos de la norma. Habrá que esperar a que se pongan en común esas cifras para saber el número exacto de operaciones a medida al margen de la moratoria y para tener una radiografía de las condiciones que se están aplicando.

La actitud proactiva y colaborativa con la que la banca está afrontando esta cuestión constituye un ejemplo del importante papel que el sector financiero puede y debe desempeñar en esta nueva crisis, algo que las entidades están demostrando ya respecto a esta y otras problemáticas. Se trata de un enfoque sustancialmente diferente al que se aplicó durante la crisis financiera de 2008, que en España se agravó con el estallido de la burbuja inmobiliaria y con la quiebra del modelo de cajas de ahorro y que obligó al rescate del sector, lo que generó una abultada factura de recursos públicos, además de dejar numerosas cicatrices relacionadas con irregularidades y malas prácticas cometidas especialmente durante los años de excesos previos a la recesión.

El modelo bancario español ha cambiado mucho desde entonces, no solo en cuanto a solvencia y capitalización, sino también en lo que respecta a la relación y el cuidado del cliente. Precisamente por ello, la banca está ahora en una posición clave para respaldar la restauración de la actividad, pero también para demostrar sobre el terreno, como lo está haciendo con la moratoria hipotecaria, su compromiso con la sociedad ante el grave reto que el país afronta.