Las malas noticias podrían volar para Facebook y Google

El Gobierno australiano las obligará a pagar por difundir noticias en la red y a compartir los ingresos con los medios

AFP
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Australia va a obligar a pagar por difundir noticias en internet. El Gobierno dijo ayer que Google, propiedad de Alphabet, y Facebook deberán compartir sus ingresos con los medios de comunicación locales. Después de años de destrucción digital y escándalos de noticias falsas, la pandemia ha sido la gota que ha colmado el vaso. El mayor peligro para los gigantes tecnológicos es que las autoridades de otros lugares sigan los titulares australianos de cerca.

La influencia que ejercen Google y Facebook les está sometiendo, merecidamente, a una mayor vigilancia regulatoria. Su valor de mercado combinado de 1,4 billones de dólares refleja su dominio sobre los presupuestos publicitarios de las empresas, y su sombra oscura y alargada se cierne sobre los medios de comunicación en dificultades. En Australia, aproximadamente el 71% del gasto en el mercado publicitario online de 5.800 millones de dólares, excluyendo los anuncios clasificados, va a parar a los dos servicios, según descubrieron las autoridades de la competencia el pasado año. Mientras tanto, el Gobierno prepara un paquete de rescate de 58 millones de dólares para las cadenas de televisión que están reduciendo costes y los periódicos que están parando sus imprentas por el virus.

Al final, esa dinámica ha provocado la intervención agresiva de Canberra. Lo que se suponía que iba a ser un código de conducta voluntario negociado en noviembre, se convertirá en obligatorio a partir de julio. El ministro de Economía Josh Frydenberg ha declarado que, a pesar del aumento de la presión financiera sobre los medios de comunicación, las negociaciones con Google y Facebook han avanzado poco.

Las empresas han intentado contener esas crecientes amenazas regulatorias. En marzo, el gigante de las redes sociales fundado por Mark Zuckerberg afirmó que invertiría otros 100 millones de dólares para ayudar al sector de los medios de comunicación en todo el mundo después de las repercusiones negativas por los fallos de privacidad y los escándalos relacionados con la influencia rusa en las elecciones estadounidenses. A finales del año pasado, también aceptó empezar a pagar derechos de licencia a algunas editoriales. Google, que considera que genera valor para los medios de información al remitirles lectores, ha adoptado medidas para relegar las teorías conspiratorias y otras teorías parecidas en sus resultados de búsqueda.

También han jugado duro. Pero eso podría resultar más difícil en medio de una crisis sanitaria mundial que, pongamos por caso, cuando Google cerró su servicio de noticias español en 2014 después de que Madrid le exigiese pagar derechos de autor.

Determinar el reparto de beneficios será complicado y seguramente esas sumas tampoco bastarán para salvar a las numerosas empresas de medios de comunicación que están en apuros. Además, es posible que cualquier coste acabe trasladándose a los anunciantes de Google y Facebook. En cualquiera de los casos, otros países podrían seguir el ejemplo de Australia. Y como saben ambas empresas, las malas noticias vuelan.