Los museos, en vilo por las exposiciones temporales

Son un reclamo para atraer visitantes a las pinacotecas, que negocian el aplazamiento de los préstamos de las obras

Vista de la sala central del Museo del Prado.
Vista de la sala central del Museo del Prado.

Incerticumbre. Es la palabra que más se repite para definir el futuro en todos los sectores, industrias y disciplinas, y el arte no está exento del temor a las consecuencias de la paralización económica y social generada por el coronavirus en todo el planeta. Los museos, vacíos de público, pero repletos de obras de arte de incalculable valor, la mayoría pertenecientes a colecciones permanentes, pero otras muchas cedidas en préstamo, viven estos días un inusual ajetreo para encontrar una solución a la brusca interrupción de la actividad, pero sobre todo de la cancelación de las exposiciones temporales. “No sabemos qué va a pasar con el tráfico de préstamos. Ahora nos toca hablar mucho entre los museos, ser generosos y comprensivos, porque todos los museos del mundo tenemos que reordenar calendarios”, afirma Carlos Chaguaceda, director de comunicación del Museo del Prado, que destaca la importancia que para cualquier pinacoteca tienen las exposiciones temporales. Sirva como ejemplo que la estrella de la celebración del bicentenario de la pinacoteca española, Velázquez, Rembrandt, Vermeer. Miradas afines, atrajo a 441.665 visitantes. “El 40% de las visitas que tenemos pasa por alguna exposición temporal”. Ahora todo está en el aire, incluida las prorrogas de los préstamos de obras, como las dos piezas cedidas ­­­–La Virgen de la rosa y La Visitación– para la exposición de Rafael, inaugurada en Roma a principios de marzo, en víspera del confinamiento italiano. También se ha pospuesto la muestra, Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931), que debía haberse inaugurado el 30 de marzo, como también queda pendiente otra sobre Tiziano.

En el Museo Nacional Thyssen Bornemisza también trabajan contra reloj para poder prorrogar Rembrandt y el retrato en Ámsterdam, inaugurada el 18 de febrero y cuyos cuadros iban a descolgarse a partir del 24 de mayo. “Aunque es complicado que alguien que te ha prestado un cuadro te lo ceda por más tiempo, creemos que va a ser posible prolongar la exposición, porque la opción más costosa es cancelar, eso es lo más dañino en términos económicos y del museo”, afirma Evelio Acevedo, director gerente del Thyssen, que califica el año de desastroso por el impacto negativo del Covid-19. “Las previsiones son más que pesimistas porque además no sabemos cuándo vamos a abrir, por lo que ya estamos planificando una reducción y racionalización del gasto, como el destinado a actividades publicitarias para el público internacional, que sabemos que, de momento, no va a venir”, explica el directivo, que también señala como estrategia la necesidad de “acomodar el programa expositivo a lo que la realidad nos permite”.

Por su parte, Miguel Zugaza, director del Museo Bellas Artes de Bilbao, señala que “será difícil superar esta situación, pero no creo que tenga que ser obligadamente negativo. Iremos recuperando poco a poco la confianza de la sociedad y para ello debemos recuperar también el sentido público de nuestras instituciones y la relevancia social del arte”. En cuanto a las exposiciones temporales, señala que “seguirán siendo un instrumento principal de acción de los museos, aunque seguramente tendremos que organizarlas con menos medios, pero al mismo tiempo con mayor originalidad”. Y asegura que el Bellas Artes tiene previsto prorrogar este verano las exposiciones actuales, como Beruete, Regoyos y el paisaje, que solo ha permanecido abierta tres días.

'El violonchelista', de Lygia Clark, en el Guggenheim.
'El violonchelista', de Lygia Clark, en el Guggenheim.

El escenario es parecido en el Museo Guggenheim de Bilbao, en negociaciones en estos momentos para ampliar la fecha de cierre de las exposiciones en curso, como son las de Lygia Clark. La pintura como campo experimental, y William Kentridge: 7 fragmentos, ambas inauguradas en marzo, Olafur Eliasson: en la vida real y Richard Artschwager. También está pendiente una de las muestras más esperadas en la pinacoteca, la que estaba previsto que se ­inaugurara el 1 de octubre sobre Kandinsky. También el Museo Reina Sofía aplazará las muestras dedicadas a Mondrian, Ferrari y la trilogía marroquí.

A falta de visitas presenciales, los museos se vuelcan en la oferta online de páginas web y de redes sociales. El Prado ha recibido a 2.214.000 personas en su plataforma online, reforzada con visitas para niños y guías para profesores. En el Thyssen han acogido desde que comenzó el confinamiento a 283.500 usuarios en la web. A pesar del éxito virtual, lo que da vida a un museo, apostilla Acevedo, es la gente. Y eso volverá.

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