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Comisión de 20 euros al mes al cliente bancario menos vinculado

El coronavirus frena la estrategia de la banca de subir las tarifas al usuario poco activo. El objetivo es expulsarle de la institución porque no es rentable

BOADILLA DEL MONTE (C.A. DE MADRID), 03042020.- Imagen de la junta de Banco Santander, con su presidenta, Ana Botín; el consejero delegado, José Antonio Álvarez (i), y el secretario general, Jaime Pérez Renovales (d).
BOADILLA DEL MONTE (C.A. DE MADRID), 03/04/2020.- Imagen de la junta de Banco Santander, con su presidenta, Ana Botín; el consejero delegado, José Antonio Álvarez (i), y el secretario general, Jaime Pérez Renovales (d). EFE

La crisis sanitaria del coronavirus, la más letal del último siglo, ha echado por tierra la zona de confort en la que parecía que Occidente se había instalado en los últimos años. El mundo tal y como se le conocía hasta hace apenas un mes se ha derrumbado. Pocas cosas volverán a ser iguales”, explicaba el viernes el ejecutivo de una firma de consultoría.

Esto ha ocurrido cuando aún conservamos en la mente la resaca de lo que ha sido la mayor y más larga crisis financiara puede que de la historia, (de 2008 a 2018). Entonces el detonante fueron las denominadas hipotecas suprime, o de alto riesgo, esa pelota que creció incontrolablemente al margen de las normas hasta formar una burbuja imposible de pinchar. La crisis fue global, aunque en unos países, por sus determinadas características, fue más aguda que en otros, caso de España.

Ahora, cuando el mundo estaba dejando atrás la crisis financiera y económica, con los bancos (o las cajas de ahorros, como les gusta precisar a los banqueros) como punto neurálgico de la hecatombe, llega una crisis sanitaria sin precedentes. El enemigo, un virus invisible, que ha puesto patas arriba a todo el sistema económico y político del mundo. Ese bicho ha provocado que el planeta se cuestione su globalización.

La pandemia con el confinamiento de más de 3.900 millones de personas (la mitad de la población mundial) puede acabar con un abultado número de empresas. Ante este escenario, la colaboración entre los distintos organismos económicos internacionales y la banca privada parece que se hace imprescindible para hacer de dique ante el desplome de las compañías. Instituciones como el BCE, el BEI, el BERD, la FED, etc., “tienen ahora un papel fundamental para colaborar con la banca el día después”, apunta un banquero español asentado desde hace unos años en Latinoamérica.

Ahora, como llevan semanas afirmando las entidades, con la presidenta de Banco Santander, Ana Botín, a la cabeza, “en esta crisis los bancos no somos el problema, somos parte de la solución”, como deben serlo los empresarios “creando empleo”. Este fue uno de los principales mensajes que lazó el viernes la banquera en la junta de accionistas más atípica de la historia de Banco Santander y del sector. El coronavirus provocó que la junta se celebrase por primera vez fuera de la ciudad de Santander, y sin la asistencia de los accionistas. Su retrasmisión fue telemática.

Las declaraciones de Botín, calificadas por algún homólogo suyo como emotivas, sencillas, pero con autenticidad, toman mayor relevancia si se tiene en cuenta que la banca está dispuesta a sacrificar negocio por “salvar empresas”, como coinciden varios directivos del sector. “Ahora es el momento de ayudar a los empresarios, al tejido industrial, porque si caen caeremos todos”, asegura el director general de un gran banco.

De momento, las entidades financieras, grandes rivales entre ellas, están dispuestas a no aprovecharse de las circunstancias. Y, pese a que las cotizaciones de algunos bancos pueden atraer como un imán a las firmas más fuertes para abordar operaciones corporativas, en el ánimo de todo el sector está el de no acometer ninguna fusión mientras dure la crisis del coronavirus. “Ni se nos ocurre. Ninguna entidad española va a proponer una fusión mientras se mantenga la situación actual”, declaraba a este periódico hace una semana el número tres de uno de los principales bancos españoles.

Si las amenazas vienen del exterior, el Gobierno ya ha implantado las barreras pertinentes, recuerda otro ejecutivo.

“Es el momento para que los bancos recuperen su reputación, para que la sociedad vuelva a confiar en el sector como colectivo, y de que demuestren que son imprescindibles en la cadena productiva de un país”, subraya un destacado gurú financiero.

Varios analistas coinciden en que pese a la caída en picado del negocio de los bancos (en el último mes nadie pide un crédito al consumo o una hipoteca, y las comisiones se han desplomado), disfrutan en la actualidad de una buena salud.

“No hay ningún banco con problemas de solvencia en España, puede que su rentabilidad sea baja, y ahora más, pero sus ratios de capital son elevados”, explica un ejecutivo de un conocido banco de inversión. Eso sí, “no nos ponemos de acuerdo en cuánto pueden descender los beneficios del sector este año. Todo depende del tiempo que dure la crisis. Puede ser del 20%, del 30%, e incluso del 50%, aunque nosotros creemos que caerán algo menos del 30%”, añade este directivo.

Una de las partidas que más impulsa la cuenta de resultados en los últimos años es la de las comisiones. Esta línea es una de las principales que compensa la presión que ejerce sobre el margen los negativos tipos de interés.

Pero la crisis del Covid-19 también ha influido negativamente en las estrategias de los bancos, aunque ha sido positivo para los clientes.

Gran parte del sector tenía previsto subir las comisiones en el segundo trimestre del año. El objetivo era incrementar más las tarifas a los clientes menos vinculados para mantener bajas o incluso nulas las comisiones de los usuarios más fieles. El objetivo final es expulsar de las entidades a los clientes menos rentables, aquellos que tienen una cuenta, pero prácticamente no operan con la entidad.

CaixaBank es un ejemplo de banco que pretendía incrementar las comisiones de los clientes menos activos, y mejorar las ventajas de los más vinculados. Tenía previsto implantar una comisión de 20 euros al mes (240 euros al año) a partir del pasado 1 de abril a los clientes que utilizasen el banco como una caja fuerte. Es decir, para depositar el dinero, pero sin ninguna otra operativa con CaixaBank. “Es la forma de intentar rentabilizar el servicio que se le presta a ese cliente. Esa comisión, que se iba a generalizar, era como decir al usuario bancario operas con nosotros o vente”, explica un experto. Ahora, la crisis del coronavirus también ha puesto en cuarentena esta estrategia hasta nueva fecha.

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