Elimínense los dividendos bancarios para ayudar a salvar el mundo

El capital vale más en sus balances que en el bolsillo de los accionistas

La presidenta del Banco Santander, Ana Botín.
La presidenta del Banco Santander, Ana Botín. EFE

El capital bancario es uno de los productos más valiosos en el mundo actual, afectado por el coronavirus. Por lo tanto, no tiene mucho sentido agotar las reservas de los prestamistas mediante el pago de dividendos, limitando en la práctica el crédito que pueden ofrecer a las empresas y personas afectadas por el virus. Los jefes de los bancos deberían unirse y detener los payouts.

Ana Botín, presidenta de Santander, lo entiende en parte. Ha suspendido los pagos a los accionistas correspondientes a 2020 con el fin de dirigir los recursos para “apoyar las necesidades de las personas y las empresas”, y deteniendo el habitual pago intermedio de noviembre.

Incluso el simple hecho de dejar de pagar el pago provisional aumentaría el capital ordinario Tier 1 en 1.700 millones de euros respecto a la cifra de 2019. Eso permitiría financiar 18.500 millones de euros de préstamos, suponiendo una ratio CET1 del 12% y la ponderación de riesgo del 75% aplicada a algunos créditos para pequeñas empresas.

Pero el movimiento de Botín es confuso, probablemente porque teme molestar a los inversores minoristas que esperan recibir sus pagos finales de 2019 este mayo. Al suspender los pagos de 2020, en lugar de recortar los de 2019, los reguladores insistirán en que Santander deduzca los dividendos de 2020 del capital cada mes, en línea con su política de pagar el 40%-50% de las ganancias. Botín puede reclamar ese capital si decide no recomendar un dividendo en la junta de accionistas de la primavera de 2021, pero no está disponible inmediatamente.

Una solución más rápida, que pares de Botín como BNP Paribas deberían considerar, es cancelar los pagos de 2019 que aún no se han hecho. Es el momento adecuado: los dividendos finales se aprueban normalmente en las juntas de accionistas de primavera, pero el capital se apartó el año pasado, por lo que estaría disponible inmediatamente. Y los reguladores, que han dejado que los bancos recurran a las reservas de capital para impulsar los préstamos, estarían encantados. El organismo de control financiero de Suecia dijo el martes que los bancos deben detener los pagos de 2019. Si se copia en todos los países nórdicos, tal medida aumentaría las ratios CET1 de los prestamistas en 1,4 puntos porcentuales, según los analistas de UBS.

La cuestión clave es que el capital vale actualmente más para la economía dentro de los bancos que en los bolsillos de los accionistas. El gran apalancamiento de los balances bancarios significa que pueden conceder créditos a empresas y personas en cuarentena por un valor mucho mayor que el valor nominal del dividendo. Las acciones de Santander subieron el martes más que el Ibex, lo que implica que los inversores no lo ven como una señal de preocupación. Actuar de forma concertada, en todo caso, mitigaría ese peligro.

Los accionistas estarían molestos, pero están preparados. Veinte de los mayores bancos europeos cotizan en promedio con una rentabilidad por dividendo futuro del 9%, el doble de la media de los últimos cinco años. Además, los gruñidos de los inversores a corto plazo no son una razón para no ayudar a salvar la economía mundial.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías