De Wuhan a Madrid: medidas para evitar una segunda oleada

Hay una iniciativa que se está escapando a la mayor parte de los países y es fundamental en esta batalla: los controles tras la cuarentena

De Wuhan a Madrid: medidas para evitar una segunda oleada

Según los datos oficiales, el número de infectados por el coronavirus Covid-19 a principios de esta semana superaba ya los 174.000 a nivel mundial. De estos, alrededor de 77.865 se habían recuperado ya y 6.684 habían fallecido. La buena noticia es que desde el 18 de febrero los datos oficiales diarios indican que el número de personas recuperadas en China ha ido superando el número de nuevos infectados. Esto indica que las medidas tomadas por las autoridades están teniendo los efectos esperados. Sin embargo, el número de personas contagiadas fuera de la China continental ha ido creciendo. Con unas semanas de retraso con respecto a su difusión en China, el coronavirus de 2019 ha llegado también a Europa. Los países más afectados son , por este orden, Italia, España, Alemania, Francia, Suiza y el Reino Unido.

Por esta razón, países como Italia y España están tomando medidas excepcionales, aunque probablemente con retraso y sin que todos los ciudadanos estén en sus hogares. La contención es el factor fundamental para detener el virus, sobre todo con respecto al SARS y al MERS, porque el Covid-19 se propaga más rápidamente. A esto se deben las medidas extraordinarias tomadas por los gobiernos, como el chino de Xi Jinping, el italiano de Giuseppe Conte y el español de Pedro Sánchez. China, Italia y España, a través del ejército, de la policía, de los carabinieri y de la guardia civil, están intentando contener los centros de origen del virus, reduciendo al mínimo la movilidad y las reuniones sociales de los ciudadanos.

La eliminación del coronavirus depende de las cuarentenas de todos los ciudadanos, sin ninguna excepción. Sin el aporte de todos, las muertes y las pérdidas económicas podrían llegar a ser más elevadas que en los casos de otros coronavirus. La gran recuperación de las economías afectadas por Covid-19 todavía es posible si todos los ciudadanos actúan unidos, sin episodios de free-riding. La contención se ha convertido en una responsabilidad social para aplanar la curva de los nuevos casos y darle más tiempo al sistema sanitario para prepararse y enfrentarse con un virus frente al que Europa no estaba preparada. La contención obligada de las poblaciones es imprescindible. Y debe producirse durante el tiempo necesario para que todos los infectados desarrollen el virus y, en el mejor de los casos, se recuperen sin infectar a los demás; o bien hasta que las autoridades sanitarias consigan aislar los grupos de infectados en lugares bien delimitados. Además, la participación de todos los ciudadanos en la cuarentena puede convertirse en un modelo de conducta para otros países como el Reino Unido, que está acariciando la idea de asumir un contagio masivo sin hacer primero un intento drástico de frenar el virus, como están haciendo China, Italia y España.

Sin embargo, hay una medida de contención que tal vez se les está escapando a muchos países y que puede retrasar el fin del virus: los controles a posteriori. Si el objetivo público es atrapar el virus en zonas limitadas, probablemente resultará necesario incrementar el número de análisis médicos de los pacientes europeos sospechosos para detectar eventuales casos también después del fin de la cuarentena y evitar un nuevo contagio en masa. Porque este último sí que conllevaría costes económicos que son evitables y hay que descartar. De hecho, según Neil Ferguson, del Imperial College London, China ha detectado solo el 10% de las infecciones por coronavirus. Ninguno de los pacientes cero salidos de China ha sido detectado por los millones de controles llevados a cabo en los aeropuertos mundiales. Italia, el país europeo con más casos confirmados de coronavirus, ha llevado a cabo un número de chequeos mayor que el de otros países europeos. A menos controles, menos casos confirmados, aunque es cierto que correlación no significa necesariamente causalidad. Sin un número suficiente de controles postcuarentena, será imposible detectar las zonas de control del virus y por tanto bloquearlo sin volver a una nueva cuarentena nacional.

Si bien es cierto que el virus puede mutar a lo largo del tiempo –por lo cual los científicos están estudiando sus genomas–, el coronavirus originado en Wuhan sigue siendo el de hace dos meses: si las medidas de precaución consiguen proteger a la población con más de sesenta años de edad y con problemas de salud preexistentes, el número de muertes caerá.

Además del factor humano, la naturaleza podría ser propicia: ¿Podría el Covid-19 extinguirse con el calor del verano? El factor estacional podría ayudar, aunque es pronto para sacar conclusiones sobre la resistencia del virus a las condiciones medioambientales. El SARS se prolongó sobre todo en invierno de 2002 y primavera de 2003, reduciéndose mucho en verano. Los animales infectados por el MERS murieron a pesar de las elevadas temperaturas del desierto, aunque es cierto que la horquilla térmica entre el día y la noche en Oriente Próximo era elevada. Según un estudio sobre el conejillo de Indias, publicado por Lowen, Mubareka, Steel y Palese y retomado por la National Geographic Society, la gripe deja de difundirse en los lugares con humedad de alrededor del 80% y con temperaturas de 30 °C. Además, la Universidad de Guangzhu, en China, ha averiguado que el virus Covid-19 se difunde mejor a los 8,72 grados centígrados, en favor de la tesis de que unos países tienen más probabilidad de contagio que otros y de que la llegada del calor podría ser de ayuda.

En pocas semanas España conocerá el impacto de la cuarentena sobre la difusión del virus Covid-19. Mientras tanto, los ciudadanos y las autoridades están a tiempo para evitar lo peor: una nueva oleada. La aplicación total de la cuarentena, el aumento de los controles y, tal vez, el clima, todavía pueden evitar los costes evitables.

Andrea Carrera es Profesor de Economía Internacional en la Universidad Nebrija