Medidas de estado de alarma también para la economía

Es necesario adoptar propuestas económicas lo suficientemente enérgicas como para frenar en lo posible el elevado daño de esta crisis.

Basta salir a la calle estos días para apreciar el grave impacto que la pandemia del coronavirus está infligiendo a la sociedad y la economía españolas. El estado de alarma decretado por el Gobierno este fin de semana evidencia una clara conciencia sobre la enorme gravedad de esta emergencia sanitaria, pero también una alarmante falta de respuesta respecto a la necesidad de adoptar medidas económicas lo suficientemente enérgicas como para frenar en lo posible el elevado daño de esta crisis. La caída de la actividad ha sido brusca en numerosos sectores. El transporte, el tráfico aéreo, el turismo, la hostelería, el comercio minorista, los espectáculos, el deporte, la cultura, los congresos y eventos y numerosos servicios son sectores que han parado en seco su actividad. La demanda de energía se ha desplomado. El frenazo económico ha sido descontado ya por los mercados, pero puede traducirse en un estrangulamiento financiero que provoque un círculo vicioso. Esta situación afecta directamente a las grandes, pequeñas y medianas empresas españolas, puestas en una situación de debilidad sobrevenida. Y problemas similares se extienden por los países de nuestro entorno, por nuestros principales socios comerciales y por los puntos de origen de la mayoría de los turistas internacionales. No se trata de ser alarmistas, pero sí de propiciar un diagnóstico correcto que deje bien a las claras que ni a escala española ni europea, ni en materia monetaria ni fiscal, se han empezado siquiera a abordar medidas de la escala que requiere esta situación de emergencia.

La cuestión es cuánto durará la emergencia sanitaria, cuánto se extenderá el frenazo económico y cómo se activa después la recuperación para que sea rápida e intensa y deje las menores cicatrices posibles. Es necesario preparar un plan ambicioso y coordinado a nivel europeo, que conlleve movilización de gasto público (mayor en los países que se lo pueden permitir más) y medidas monetarias, que involucre al sector público y al privado. La naturaleza de esta crisis es muy diferente a la de la Gran Recesión de 2008, que tuvo un origen financiero que en el caso español se combinó con una burbuja inmobiliaria. Las recetas, por tanto, deben ser también distintas a las de entonces.

Ese sentido de urgencia se percibe en lo sanitario, pero no en lo económico. Y en ambos frentes, la falta de coordinación europea es más que preocupante. Empresas y trabajadores están en general afrontando la situación con responsabilidad. Las compañías han antepuesto la preocupación por la salud y la seguridad y han facilitado el teletrabajo y la prevención. A los Gobiernos les toca ahora respaldar ese esfuerzo con medidas urgentes y coordinadas, propias de un estado de alarma económico.