Rentabilidad y efecto social y medioambiental con inversiones de impacto

Hay un nuevo esfuerzo internacional colaborativo para desarrollar un mercado que apoye este tipo de inversión

Rentabilidad y efecto social y medioambiental con inversiones de impacto

El término inversión de impacto es relativamente nuevo, utilizándose para describir inversiones realizadas en muchos tipos diferentes de clases de activos, sectores y regiones. Según datos del informe Sizing the Impact Investing Market, publicado por el GIIN (Global Impact Investing Network) el tamaño actual del mercado de inversión de impacto global es de 502.000 millones de dólares (aproximadamente 462.020 millones de euros). El GIIN basa su análisis en datos recopilados a partir de más de 1.300 inversores de impacto de todo el mundo.

El creciente mercado de inversión de impacto proporciona capital para hacer frente a los desafíos más apremiantes del mundo en sectores como agricultura sostenible, energías renovables, conservacionismo, microfinanzas y servicios básicos asequibles y accesibles como vivienda, salud y educación. Las inversiones de impacto son inversiones realizadas en compañías, organizaciones y fondos con la intención de generar impacto social y medioambiental medible, además de retorno financiero.

Hay tres conceptos que distinguen las inversiones de impacto de las inversiones convencionales: 1) intencionalidad o deseo expreso de generar un impacto social o medioambiental; 2) lograr el objetivo propuesto, además de generar un retorno sobre el capital invertido; y 3) que sea medible, de forma que el informe financiero, social y medioambiental sea transparente. Normalmente se agrupan por temáticas y con un enfoque programado a largo plazo.

Su objetivo común es cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de Naciones Unidas. Las inversiones de impacto se pueden instrumentar a través de bonos, fondos, ETFs (fondos cotizados), empresas sociales y private equity.

Los bonos de impacto son emisiones de deuda a vencimiento con un retorno financiero esperado y un propósito social o ambiental. Los emisores pueden ser entidades públicas o privadas, nacionales e internacionales. Ejemplos de algunos de ellos son el Instituto de Crédito Oficial (ICO) con sus emisiones bono ICO social, los bonos verdes de Iberdrola y los bonos de impacto social de bancos multilaterales de desarrollo y del Banco Mundial.

En el caso de los fondos de inversión, pueden invertir en emisiones de deuda o en empresas, o bien combinar ambas con una rentabilidad esperada y una contribución social o medioambiental positiva para la sociedad, que sea medible, y que se suele usar como indicador de su contribución a alguno o varios objetivos de desarrollo sostenible. Estos fondos suelen incorporar en su nombre palabras como impact, ODS o SDG, environmental, climate change o low carbon. Algunos ejemplos de estos fondos, disponibles para su suscripción en España, han generado rentabilidades en el último año en un rango de entre 15% y 22%, entre ellos Blackrock Impact World Equity de la gran gestora estadounidense Blackrock, Multipartner Sicav - Robecosam Global Gender Equality Impact Equities o NN (L) Global Equity Impact Opportunities de las gestoras holandesas Robeco y NN (Nationale Nederlanden) respectivamente.

Pueden también instrumentalizarse a través de ETFs, replicando índices de bonos verdes o de bancos multilaterales de desarrollo. O a través de empresas sociales, cuya gestión busca la reinversión del beneficio en la propia empresa, además de contribuir a solucionar cuestiones de índole social o medioambiental. Un ejemplo de empresa social es Impact Water, que proporciona soluciones de acceso a agua potable a familias, colegios y comunidades de Kenia, Nigeria y Uganda.

En las fases de arranque y crecimiento, los fondos de impacto, con un rango de inversión que puede ir desde unos pocos miles hasta millones de euros, sirven de apoyo a emprendedores sociales. También para la financiación en la fase inicial de idea y semilla, se poyan en los fondos de Venture Philanthropy. Otro tipo de fondos, conocidos como fondos de resultados (outcome funds en inglés) han sido creados por un organismo público que combina fondos públicos y donativos privados, procedentes de filantropía o donaciones corporativas, para financiar múltiples bonos de impacto social (BIS).

Por último, los fondos de microfinanzas centran su función en apoyar financieramente a microemprendedores con ambición de ampliar su negocio. En ocasiones esos microcréditos los conceden bancos locales, financiados o participados por instituciones de microfinanzas o por los propios fondos de microfinanzas. Un ejemplo de este tipo de vehículo es el fondo Microwd (FICC), de la española Microwd, dedicada a la gestión de microcréditos a mujeres en Latinoamérica, y que acaba de inscribir en CNMV.

El fondo se ha creado con el objetivo de canalizar la entrada de inversores profesionales a su actividad de concesión de créditos al emprendimiento femenino latinoamericano y de lograr alcanzar un capital de 10 millones de euros en un año. Se estima que llegue a financiar más de 40.000 proyectos de mujeres emprendedoras en estos países y logre crear más de 100.000 puestos de trabajo, activando la economía local.

En Europa, la Asociación Filantropica de Venture Capital (European Venture Philanthropy Association) (EVPA) aúna una comunidad de organizaciones interesadas en la filantropía de capital riesgo (VP) y la inversión social (SI) en toda Europa. EVPA define la filantropía de riesgo como un medio para construir organizaciones de inversionistas más fuertes con un propósito social, proporcionándoles apoyo tanto financiero como no financiero.

Para la medición del impacto obtenido invirtiendo a través de cualquiera de estos vehículos de inversión, hay organizaciones internacionales como CERISE, con sede en Francia, que fue pionera en el desarrollo de la herramienta SPI (Social Performance Indicators). Esta herramienta es el primer instrumento de auditoría sobre el desempeño social para instituciones comprometidas a mejorar el bienestar de sus clientes, con el fin de conseguir que las instituciones de microfinanzas sean más transparentes y mejoren sus prácticas de medición de impacto social.

A este respecto, la Guía de Implementación de las Normas Universales para la Gestión del Desempeño Social (Universal Standards for Social Performance Management) (USSPM) responde a la demanda de contar con unas directrices sobre cómo poner en práctica los estándares universales. Proporciona un estándar para a gestión del desempeño social, facilitando a todas las partes interesadas la comprensión de las normas universales y su aplicación práctica.

Si bien algunos inversores han estado haciendo inversiones de impacto durante décadas, recientemente ha surgido un nuevo esfuerzo internacional colaborativo para acelerar el desarrollo de un mercado que apoye esta inversión. Aunque este mercado sigue siendo relativamente nuevo, los inversores son optimistas en general sobre su desarrollo y esperan una mayor escala y eficiencia en el futuro.

Paula Mercado es Directora de Análisis de VDOS