Las acciones de lealtad de Moncler plantean un dilema a los inversores

Darían más poder al CEO, que lo ha hecho bien hasta ahora, ante posibles opas

Remo Ruffini, CEO de Moncler.
Remo Ruffini, CEO de Moncler.

Las acciones de lealtad pueden hacer mella en el estatus de Moncler como emblema de la moda en cuanto a derechos de los accionistas. Reforzaría al jefe y principal accionista Remo Ruffini en posibles conversaciones para una fusión, pero molestaría a los inversores.

La junta de accionistas del 16 de marzo girará en torno a Ruffini. Moncler quiere conceder doble derecho de voto a los inversores que mantengan sus acciones durante al menos dos años. Eso, dice el grupo, permitiría al CEO y presidente, que posee el 22,5%, aumentar sus derechos hasta el 29,9%.

La propuesta se desvía del principio de una acción, un voto que ha servido bien al fabricante italiano de puffer jackets desde su salida a Bolsa de 2013 y la ha convertido en una de las pocas marcas de lujo globales no controladas mediante regímenes especiales ni con fundadores con grandes participaciones. El presidente de Richemont, Johann Rupert, probablemente el peor ejemplo, controla la mitad de los derechos de voto pese a tener menos del 10% del capital. La ley italiana de 2014 a la que quiere remitirse Moncler pretendía incitar a las empresas familiares a listar o desbloquear el capital para inversiones, no para dar más peso a los ejecutivos de las cotizadas.

Es difícil de creer que los cambios propuestos no estén relacionados con posibles fusiones. El éxito de Moncler la ha convertido en objetivo. Ruffini dijo en diciembre que había hablado con Kering, aunque ambas dicen que no hay nada sobre la mesa. Las acciones de lealtad facilitarían a Ruffini bloquear una opa hostil.

Moncler también introducirá mejoras en la gobernanza. Separará el puesto de CEO de la presidencia y elevará el número de consejeros independientes. Una cláusula de extinción cancelará las acciones de lealtad en 2028, cuando Ruffini esté a mediados de la sesentena.

Es una elección difícil para los accionistas. Ruffini lo ha hecho muy bien hasta ahora. Apoyar el plan es confiarle aún más decisiones futuras estratégicas, pero los inversores probablemente entrarían en pánico si una opa hostil lo apartara del cargo. Aun así, reescribir las reglas sería un paso atrás.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías