El virus da a las 'biotech' la opción de demostrar su valía

Las vacunas de ARNm prometen mayor flexibilidad ante las epidemias e incluso enfrentarse al cáncer

Laboratorio de vacunas en Wuhan (China), en 2010.
Laboratorio de vacunas en Wuhan (China), en 2010.

La epidemia del nuevo coronavirus ha puesto las promesas no probadas de la ciencia bajo el microscopio. Estrellas de la biotecnología como la estadounidense Moderna, de 7.700 millones de dólares, presumen de una nueva tecnología que reduciría los costes y el tiempo para encontrar una vacuna. Mientras el mundo lucha por contener un nuevo virus mortal, tienen una rara oportunidad de probar una prueba de concepto.

Las epidemias son un mal negocio para las compañías farmacéuticas; detenerlas es arriesgado y caro. Teniendo en cuenta la aprobación de los reguladores, puede llevar años poner un medicamento en el mercado, a menudo después de que el brote se haya consumido.

La vacuna de Merck contra el ébola, por ejemplo, no recibió la aprobación de las autoridades de Estados Unidos hasta diciembre pasado, más de cinco años después de que la enfermedad alcanzara su punto máximo en el África occidental. Y aunque el tratamiento se desarrolle a tiempo, los políticos tienden a presionar a los productores para que mantengan bajos los precios.

Las empresas de biotecnología están buscando un remedio para el coronavirus de Wuhan. Aproximadamente una decena de grupos encabezan la batalla por desarrollar vacunas y tratamientos para la infección. La empresa Moderna, que cotiza en Nasdaq y tiene su sede en Massachussetts, y la alemana CureVac forman parte de un grupo especializado en el diseño de vacunas de vanguardia que utilizan el ARNm, un mensajero químico que contiene instrucciones para la fabricación de proteínas.

Dado que con ellas los científicos solo necesitan el código genético del virus para ponerse a trabajar, las vacunas de ARNm pueden desarrollarse con mayor rapidez y adaptarse a una serie de virus para permitir flexibilidad durante las epidemias de rápida evolución.

De hecho, algunos defensores del ARNm consideran que, dado que la tecnología puede personalizarse para diferentes enfermedades, avances como la vacuna universal contra el cáncer pueden estar al alcance de la mano.

Los avances contra el coronavirus suenan alentadores. Algunos afirman que pueden tener una vacuna lista para las pruebas clínicas en tan solo 90 días; durante la epidemia de SARS de 2003 se tardaron aproximadamente 20 meses en comenzar las pruebas.

Los costes de fabricación también podrían ser más bajos. Una razón es la alta potencia. Por ejemplo, la vacuna contra la rabia de CureVac, que aún está en pruebas clínicas, ha demostrado ser eficaz con solo dos dosis de un microgramo, una fracción de una inyección típica. Las dosis más pequeñas y potentes también son más fáciles y rápidas de producir en masa y de almacenar durante una emergencia sanitaria.

Hay dos grandes salvedades. Esta ciencia sigue planteando incertidumbres. Y cualquier avance tendrá que pasar por extensas pruebas a gran escala, además de superar otros obstáculos regulatorios. Los inversores y reguladores escépticos pronto verán si la nueva tecnología puede pasar la prueba.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías