Crisis del coronavirus: ¿lo peor está por llegar?

La complejidad de la economía china y su peso actual en el mercado global pueden hacer que el daño sea mayor que el provocado por el SARS en 2003

Crisis del coronavirus:
¿lo peor está por llegar?

Desde que las autoridades chinas informasen a la OMS del primer caso del coronavirus el 31 de diciembre, el número de afectados no para de crecer y ya se han detectado incidencias en unos 25 países, si bien la gran mayoría se han concentrado de momento en China.

Hasta la fecha, la tasa de mortalidad es todavía inferior a la del SARS, que tanta conmoción causó en la comunidad internacional hace 17 años. Sin embargo, un elemento importante es el largo periodo de incubación del virus, que puede llegar a las dos semanas, lo que permite que pueda ser transmitido por personas que no presentan síntomas y dificulta su detección temprana. Por eso, medir el impacto económico del coronavirus se antoja difícil a día de hoy, dado que la situación aún está en pleno desarrollo y persiste la incertidumbre sobre cuánto durará la crisis y si serán efectivas o no las medidas aplicadas por el Gobierno chino. Todo dependerá del ritmo de resolución de la emergencia. En todo caso, es justo decir que el consenso previo de una desaceleración suave para la economía china está, como mínimo, bajo cuestión.

Para frenar la expansión del virus, las autoridades chinas han aplicado una serie de medidas drásticas que suponen la restricción severa de la vida social del país y, sobre todo, de Wuhan y las ciudades próximas en la provincia de Hubei. La contundencia de la respuesta de Pekín no tiene precedentes y debería ayudar a controlar la propagación del virus. La otra cara de la moneda es que estas acciones tienen un coste para el país: exacerban el debilitamiento de la economía a corto plazo, un desgaste que ya es visible en algunos sectores.

Y el hecho es que, a pesar de todos estos esfuerzos, no sabemos todavía si lo peor está por llegar. En ausencia de datos contrastados, nuestro único punto de partida es utilizar las afecciones económicas del SARS como guía del potencial impacto. Pero teniendo en cuenta que la complejidad de la economía china y su integración en la sociedad global no son comparables en la situación actual con la de hace casi 20 años.

Es por ello por lo que encontramos varias razones para argumentar que nos podríamos enfrentar a un shock económico más grave y con mayor tasa de contagio a los mercados internacionales que el que generó la gripe aviar. Para empezar, el sector servicios ahora es una parte más grande de la economía china, situándose en el 54% del total frente al 42% de entonces. Además, al inicio de la epidemia del coronavirus, China se encontraba en medio de una fase de desa­celeración, lo que contrasta con 2003 cuando acababa de ingresar en la OMC y se encontraba en pleno camino de su industrialización y globalización. Todo ello, sumado a que la propagación del virus ha sucedido entre celebraciones del Año Nuevo chino, durante las cuáles las ventas, que pueden representar hasta el 10% anual de ingresos para algunas industrias y negocios, han caído drásticamente, hacen que podamos encontrarnos ante un impacto económico de mucha mayor envergadura.

El SARS alcanzó su apogeo entre marzo y mayo de 2003, lo que hizo que el transporte de pasajeros cayera más de un 40% en mayo y un 22% en junio, mientras que el crecimiento de las ventas minoristas se desplomó en el segundo trimestre de aquel año más de seis puntos porcentuales, el sector transporte se contrajo en más de cinco puntos (en comparativa intertrimestral) y los sectores financieros y de alimentación sufrieron sendos retrocesos del 3,6%. La caída del PIB fue de dos puntos, pero la fuerte recuperación en la segunda mitad del año dejó el ajuste en un punto y, en balance, circunscribió la crisis de la epidemia a un solo trimestre. Partiendo de esa hipótesis, trazamos tres escenarios posibles, que van desde la resolución rápida de la pandemia y, por lo tanto, la contención del daño económico, a la imposibilidad de contener el virus y las graves implicaciones financieras que eso puede significar.

En el escenario más benigno, el brote podría controlarse y reducirse en las próximas semanas de igual forma que sucedió con la anterior pandemia de origen chino. Esto, unido al estímulo político y el repunte de la demanda, limitaría el impacto negativo del virus en el PIB del primer trimestre de este año y ayudaría a su recuperación posterior.

Por otro lado, de sucederse una resolución más lenta de la afección vírica, la recesión económica se alargaría los seis primeros meses de 2020, lo que desembocaría en un crecimiento anual por debajo del 5%, frente al 5,8% que se esperaba inicialmente. Un tercer escenario potencial es que el virus escape de control, ayudado por el riesgo de que existan focos ocultos de contagio. Es cierto que la mortalidad del 2019-nCoV es menor que la de otras epidemias como el ébola o la crisis respiratoria de Oriente Próximo (MERS), pero si no se logra contener, desarrollar los tratamientos a tiempo no será fácil y la enfermedad continuará propagando miedo y disrupciones económicas, esta vez a escala planetaria. En una situación así, estaríamos hablando de un ajuste mucho más doloroso para China, con potenciales daños colaterales estructurales y desagradables ramificaciones internacionales que podrían conducir a una recesión global.

En conclusión, todavía hay demasiadas incógnitas como para dilucidar con certeza el resultado final de la crisis. Sin embargo, uno de los efectos que ya está provocando el coronavirus es la dificultad añadida que tendrá ahora Pekín para cumplir con los términos acordados en la tregua comercial con Washington. En manos de la Casa Blanca quedará reconocer lo excepcional de la situación en China o atenerse a la literalidad del acuerdo. Todo ello dependerá de cómo evolucionen las perspectivas electorales en Estados Unidos.

 Aidan Yao es Economista sénior de Axa Investment Managers