El turismo español debe prepararse para una creciente competencia

La industria ha cerrado otro año récord, pero debe acometer una tarea de reconversión que lleva varios años pendiente

La industria turística española ha terminado 2019 con un nuevo récord de visitantes extranjeros, pese a haber tenido que afrontar un considerable montante de elementos en contra. Por un lado, los preocupantes resultados de 2018, primer ejercicio en el que la llegada de turistas extranjeros descendió en temporada alta desde el año 2011, lo que hacía prever otros 12 meses de enfriamiento. Por otro, la conjunción de un buen puñado de elementos geopolíticos y económicos, como la desaceleración en el crecimiento europeo, las agonías y tensiones del Brexit o la quiebra del gigante británico Thomas Cook, capaces de infligir una herida considerable en el flujo de visitantes. Sin embargo, el sector ha exhibido su madurez y su fortaleza y ha compensado esos reveses con un vigoroso crecimiento en destinos americanos y asiáticos. La caída simultánea de viajeros procedentes de los cuatro principales mercados emisores –Reino Unido, Alemania, Francia y Países Nórdicos– se ha visto neutralizada finalmente por la llegada de un mayor número de turistas estadounidenses, italianos, coreanos, japoneses, irlandeses y mexicanos. Eso ha permitido no ya salvar las cuentas, sino mejorarlas, y hacerlo con un crecimiento en la afluencia del 1,1% y en el gasto del 2,8%.

Pese a todo, el mercado turístico español tiene actualmente razones suficientes para mostrarse prudente y prepararse para un horizonte encapotado. El descenso de visitantes en los mercados clave no es un hecho aislado, sino una tendencia que tiene que ver con la recuperación de los destinos de ocio del norte de África, que una vez superados los conflictos de la denominada Primavera árabe ofrecen de nuevo a los europeos tanto sol como España, una razonable seguridad, instalaciones turísticas que han mejorado en calidad y una factura considerablemente menor.

Ante ese panorama, marcado por crecientes signos de incertidumbre, la industria turística debe acometer una tarea de reconversión que lleva varios años pendiente. Aspectos como una mayor y mejor promoción de España como destino de ocio y cultura en el exterior, un aumento en la calidad de los servicios que estimule el gasto por viajero, la implantación de nuevas estrategias y herramientas, como el big data o la digitalización, la apuesta por la mejora de la conectividad en el transporte y el diseño de una política impositiva que no reduzca el potencial del sector son retos urgentes para fortalecer la que sigue siendo la primera industria del país por PIB y empleo.