El rescate de Flybe es una inquietante pista de por dónde irá Boris Johnson

Gran Bretaña pierde estatus como luchador contra el cambio climático y adalid del libre mercado

Avión de Flybe en el aeropuerto John Lennon de Liverpool.
Avión de Flybe en el aeropuerto John Lennon de Liverpool.

El rescate de Flybe por el Estado británico produce ganadores a corto plazo y un perdedor mucho mayor a la larga. Los dueños, 2.000 empleados y las regiones pobres y no londinenses que apoyaron a Boris Johnson son los primeros. El segundo es el estatus de Gran Bretaña como luchador contra el cambio climático y adalid del libre mercado.

Flybe, que mueve 8 millones de personas anuales en rutas principalmente de nicho de Gran Bretaña y Europa, siempre ha ido al límite. Hace un año, la salvó un consorcio que incluía Virgin –respaldado por Delta Air Lines– y el fondo de capital privado de EE UU Cyrus Capital, que se comprometió a inyectar 120 millones de euros. Vale que ahora también tendrán que invertir más dinero, pero los problemas básicos –los altos costes del fuel y los bajos ingresos– son estratégicos, y la compañía no merece un empuje adicional del Estado.

Johnson lo dará, no obstante, al permitir que Flybe difiera 124 millones de euros en impuestos por pasajeros aéreos. Que este recorte fiscal pueda generalizarse podría empeorar las cosas. A menos que Johnson recupere el dinero con los vuelos europeos o de larga distancia –enfadando a IAG, Easyjet y Ryanair–, estará en discordancia con el plan británico de reducir las emisiones de CO2 a 0 netas para 2050. Aunque el transporte aéreo solo provoca un 3% de las emisiones, eso subirá a medida que otros sectores se pasen a las renovables. Usar el dinero público para mantener abiertas rutas aéreas marginales no tiene sentido. Mientras, Alemania acaba de revelar que dedicará 86.000 millones a renovar sus trenes para reducir emisiones.

IAG tiene razón al quejarse sobre todo porque se supone que el Partido Conservador rechaza la intervención estatal. Con una gran mayoría, Johnson puede modelar el futuro pos-Brexit en esa dirección. En teoría debería haber una forma de equilibrar eso con la necesidad postelectoral del premier de complacer a los no londinenses. Este rescate de un interés no esencial sugiere lo contrario, y es una mala señal para los inversores de lo que podría suceder cuando la Johnsonomía se enfrente a una crisis real.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías