Bloomberg sigue siendo el tipo que protestaba por la crónica de Bolsa

El aspirante a la Casa Blanca está acostumbrado a salirse con la suya, aunque eso implique salirse de la norma

Michael Bloomberg, candidato a la presidencia de Estados Unidos.
Michael Bloomberg, candidato a la presidencia de Estados Unidos.

El identificador de llamadas dejaba claro que el jefe estaba al otro lado de la línea. “Mike al habla”, dijo Michael R. Bloomberg, el fundador de la firma que lleva su nombre y pagaba mi salario. “Dices que la Bolsa emite señales mixtas, pero el Dow Jones cae 40 puntos. Eso no es mixto”. Una respuesta podría haber sido aducir que, aunque el Dow estaba en efecto a la baja, se debía a uno o dos grandes componentes, y que el S&P 500, una mejor medida del mercado de valores en cualquier caso, estaba entre plano y al alza. La otra era explicar que cuando se había presentado el artículo a los responsables de publicar la crónica de Bolsa, el Dow estaba más cerca de no cambiar que a la baja.

Pero incluso para alguien que acababa de entrar en Bloomberg LP en 1993, estaba claro que no era así como funcionaba aquello. La anécdota enseñaba dos lecciones importantes. Primero, Mike Bloomberg se preocupa profundamente por el producto que lleva su nombre. Y dos, no le importan mucho los límites tradicionales. Se saltó por completo la cadena de mando editorial para quejarse ante el joven redactor que firmaba el artículo.

A juzgar por Las muchas vidas de Michael Bloomberg (Simon & Schuster), de Eleanor Ran­dolph, mucha gente tiene historias similares que contar sobre sus interacciones con el magnate de Wall Street. De forma no muy distinta al hombre al que quiere desbancar como presidente de EE UU, Donald Trump, Bloomberg está acostumbrado a salirse con la suya, aunque eso signifique salirse de la norma. No hace falta buscar mucho: ahí está su poco convencional plan de ganar las primarias demócratas pasando por alto los primeros cuatro Estados que las celebran, acudiendo directamente al Supermartes de marzo, cuando varios Estados eligen su favorito en un solo día.

Puede que Trump y Bloomberg compartan algunas similitudes en sus puntos de vista sobre los procedimientos. Pero las diferencias entre lo que han logrado durante siete décadas son más notables. El muy reciente cambio de postura de Bloomberg, mucho más rico que Trump, sobre su decisión de no postularse para el Despacho Oval ha dado relevancia a la biografía de Randolph. Si Bloomberg se hubiera limitado a firmar cheques de donaciones, Las muchas vidas podría haberse quedado en las estanterías de unos pocos adictos a la política y de los amigos de Mike.

Incluso sin este último capítulo, el libro tiene claro de qué trata: de un tecnócrata profano con una sana autoestima que resuelve problemas que suelen beneficiar al bien público. Sus rivales encontrarán poco para atacarle. Es más un catálogo cronológico de sus logros como empresario, alcalde de la ciudad más grande de EE UU y destacado filántropo que un derribo crítico del hombre, que ayudó a Randolph con el libro.

Sus éxitos esbozan a un hombre que no solo estaba en el lugar correcto en el momento adecuado, sino que también comprendió cómo aprovechar los retos que podrían haber hundido a otros. Cuando el hijo de un contable del sector lácteo educado en Johns Hopkins (Baltimore, Maryland) y Harvard quedó relegado al backoffice de Salomon Brothers, por ejemplo, se convirtió en un experto en cómo transformarían el trading los ordenadores. Más tarde, cuando Salomon lo despidió con 10 millones de finiquito, reclutó a excolegas y fundó la firma que se convertiría en Bloomberg LP, que hoy vale 60.000 millones y compite con la matriz de Breakingviews, Thomson Reuters.

Su visión de cómo la tecnología de la información podría transformar la fijación de los precios de la renta fija y otros activos financieros se produjo al comienzo de un rally alcista de tres décadas en el mercado de bonos. Más tarde, cuando contrató a un reportero del WSJ que había escrito con entusiasmo sobre Bloomberg y su terminal, entró en el negocio de las noticias y cabalgó el rally de los noventa hasta nuevas cotas.

Su giro hacia la política también llegó en un momento difícil, mientras Nueva York se tambaleaba tras el 11S. Republicano entonces, se subió en volandas de su predecesor, Rudolph Giuliani. Una vez en el puesto, su afiliación política –luego pasó a ser independiente y ahora es demócrata– no tuvo mucha importancia, ya que se centró en reformas que alteraban el paisaje físico, y la estructura, de la ciudad.

Gran parte del libro se centra en su recorrido como alcalde (2002-13). Sus éxitos incluyeron una prohibición de fumar que sería copiada por grandes urbes de todo el mundo y que alargó la esperanza de vida de los neoyorquinos; una expansión masiva del carril-bici; una guerra contra las grasas trans y la creación de un campus tecnológico de élite de la Universidad Cornell. También creó la primera oposición política efectiva a la Asociación Nacional del Rifle al unir a los alcaldes que lidian con el horror diario de la violencia armada.

Por el lado de los debes, Bloomberg no logró ganar unas Olimpiadas ni introducir tarifas por acceder a Manhattan y reducir así los atascos, aunque sembró la semilla para un plan que entrará en vigor en 2021. No redujo significativamente la falta de vivienda y la pobreza. Más preocupante fue la política de su departamento de policía de “detener y cachear” a los sospechosos de portar armas de fuego. Aunque la tasa de homicidios disminuyó, los críticos, incluido su sucesor, lo consideraron una violación de las libertades civiles. Eso probablemente obstaculice su apuesta por los votos afroamericanos.

La crisis de 2008 le dio impulso para un tercer mandato. ¿Quién mejor que una criatura de Wall Street como él para afrontar el golpe a la industria financiera de la ciudad?, pudo pensar. Su tercer mandato fue posiblemente menos impactante, pero Randolph argumenta que el trabajo post-2008 ayudó a reducir a largo plazo la dependencia de la ciudad respecto a las finanzas.

Tras dejar la alcaldía, sus esfuerzos filantrópicos, según los cuenta Randolph, especialmente en temas progresistas como el cambio climático y la violencia armada, le han dado a conocer más ampliamente más allá de la Gran Manzana y una red de apoyo popular que le ayudará a postularse para la Casa Blanca. Pero como sugiere una reciente y controvertida decisión de su organización de noticias –limitar la cobertura del resto de candidatos demócratas, como ha hecho siempre con él, pero no la de Trump– sigue siendo más o menos el mismo tipo que se quejaba de una crónica de Bolsa hace un cuarto de siglo.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías