La interminable transformación de la industria financiera

Los cierres de oficinas y la concentración de entidades podrían durar años, para fortalecer la banca de cara a la economía digitalizada

La actividad bancaria entró en 2007 con la irrupción de la crisis financiera en una montaña rusa de acontecimientos que la ha sometido a una profunda transformación que en absoluto ha concluido. Tras encajar la acusación no siempre justa ser uno de los culpables de la crisis por comportamientos poco responsables de la parte más agresiva de sus gestores, la banca se vio obligada a reparar buena parte de los daños con un coste reputacional del que aún no se ha recuperado plenamente, y a recomponer su capital y reservas hasta cantidades nunca antes exigidas por los reguladores. Además, la utilización de la política monetaria como herramienta principal de la lucha contra la recesión y la endémica amenaza deflacionista ha llevado la práctica bancaria con tipos cero o negativos por años y años a un ejercicio casi imposible, con unos márgenes de intermediación ridículos, en el que dar una adecuada rentabilidad al capital es cada vez más complicado. Y todo ello en pleno tránsito hacia una utilización intensiva de la tecnología en la intermediación bancaria y la aparición de fintech y otras fórmulas de prestación de servicios financieros en la sombra que convierten en ociosos los miles de metros cuadrados de oficinas abiertas a la atención del público, dado el cambio radical de relación con una clientela comercialmente cada vez más promiscua.

La evolución de los últimos años del número de oficinas bancarias abiertas en España es elocuente e ilustra a las mil maravillas este fenómeno de reconversión. En los tres primeros trimestres de este año se han cerrado 1.156 oficinas bancarias en el país, y 1.619 si se contabilizan los doce últimos meses. Lejos de frenarse, el ajuste se ha acelerado en el tercer trimestre, con 553 cierres, el equivalente a 6 por día, contando domingos y festivos. Con esta intensificación del fenómeno en el último año, las entidades bancarias que quedan en el país tras un intenso proceso de integración forzado en parte por la crisis disponen de 24.855 oficinas, prácticamente la mitad que en 2008. Unas cifras comparables a las que tenían en 1980, ¡hace 40 años!, cuando ni el tamaño de la economía ni los niveles de bancarización de la sociedad podían ni por asomo compararse con los actuales. Hay comunidades autónomas cuyos niveles de presencia bancaria han caído a los propios de 1976, con una economía de servicios pobremente desarrollada.

Los planes del BCE de mantener una temporada larga todavía los tipos en mínimos históricos han provocado una intensificación de los cierres, que podrían proseguir en años próximos, junto con un proceso de concentración de entidades, nacional y transnacional, que asegure una industria bancaria de musculatura suficiente para financiar la economía plenamente digitalizada de las décadas venideras.