Johnson revive el fantasma del Brexit duro al limitar el periodo negociador con la UE

El 'premier' prohibirá prorrogar las conversaciones más allá de 2020 y la libra se desploma

Imagen de la sede del Parlamento británico.
Imagen de la sede del Parlamento británico. AFP

Menos de una semana ha tardado el primer ministro británico, Boris Johnson, una semana en volver a usar la amenaza del Brexit duro para presionar en las negociaciones con la Unión Europea. El 'premier' prevé usar el férreo control parlamentario obtenido en las elecciones del pasado jueves para aprobar una legislación que prohíba prorrogar el periodo de transición del Brexit más allá de 2020.

Esto implica que Reino Unido y la UE tendrán apenas 11 meses para negociar un acuerdo comercial. Si no alcanzan, el 31 de diciembre de 2020 los intercambios comerciales entre ambos países estarían sujetos a las normas de la OMC, es decir, serían más costosos, lentos y laboriosos para las empresas. "Nuestro programa dejó claro que no extenderemos la el periodo de transición, y el nuevo proyecto de ley lo prohibirá legalmente", dijo el martes un alto funcionario del gobierno. El periodo de transición previsto para después del Brexit supone, a efectos comerciales, la permanencia de las normas comerciales vigentes actualmente.

Aunque Jonhson tiene capacidad para cambiar esta ley a voluntad, la decisión supone presión para la Unión Europea, y no ha sido bien recibida por el mercado. La libra esterlina ha llegado a caer un 0,7%, si bien después ha moderado caídas al entorno del 0,4%.

La UE espera iniciar las conversaciones comerciales con Gran Bretaña en marzo, con 10 meses para llegar a un acuerdo y conseguir su aprobación por parte de Londres y el UE, incluidos los parlamentos de los Estados miembros. La UE insiste en que no sellará un acuerdo comercial con sin disposiciones sólidas que garanticen una competencia leal. El acuerdo comercial de la UE con Canadá tardó siete años en aprobarse.

Las demandas de la UE se centrarán en las normas medioambientales y laborales, así como las normas sobre ayudas estatales para garantizar que Gran Bretaña no pueda ofrecer en el mercado europeo productos del bloque a precios injustamente bajos. Y queda por ver en qué medida el posible acuerdo comercial de Londres y Washington puede suponer una amenaza para la agricultura europea.

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