El ‘private equity’ menos intrusivo

Se abren paso fórmulas más imaginativas de inversión híbrida entre ‘equity’ y deuda que buscan lo mejor de ambos mundos

El ‘private equity’ menos intrusivo

Con relativa frecuencia, compañías creadas de la nada, concebidas inicialmente solo en el imaginario de sus fundadores y, posteriormente, conducidas al éxito por la pasión, saber hacer y tesón de sus creadores se encuentran, tarde o temprano, ante una disyuntiva crucial. Conscientes de que el empuje de sus socios y los recursos humanos y financieros a su alcance ya no son suficientes para acometer la siguiente etapa de crecimiento, se plantea la cuestión trascendental de cómo acometer la siguiente fase evolutiva del proyecto y, sobre todo, a qué precio.

La detección de estas situaciones de clara inflexión para una compañía suele venir precedida de un hondo ejercicio de introspección que lleva al capital a reconocer y distinguir tanto las fortalezas que les han llevado al éxito en el periodo embrionario y madurativo de la compañía, como las debilidades que pueden lastrar el éxito del proyecto en el futuro. En estas circunstancias, la gestión del relevo generacional, el proceso de internacionalización, el desarrollo de nuevas líneas de negocio o la ejecución de una estrategia de construcción podría aconsejar la incorporación al proyecto de un nuevo compañero de viaje que cuente con los recursos financieros y, sobre todo, la capacidad y experiencia de la que, en este nuevo periodo vital, carecen los socios fundadores y el equipo gestor. Un inversor de private equity suele ser una opción natural.

Realizado el diagnóstico y determinada la potencial solución, es probable que los socios sientan cierto vértigo. La apertura del capital suele venir asociada con la inevitable pérdida de control de la compañía que han creado y han visto crecer, y todavía son mayoritarias las firmas de capital privado que solo invierten en mayorías. En este contexto, es natural que muchos socios fundadores finalmente concluyan que el peaje sea demasiado alto y descarten abrir capital, aun a riesgo de resultar menos competitivos en el futuro.

No obstante, el mercado es cada vez más sensible a estas situaciones. Quizá conscientes del poco atractivo que para algunos empresarios supone la pérdida de control, algunas casas de private equity se están animando a considerar en sus criterios de inversión la toma de participaciones minoritarias pero significativas o incluso soluciones más imaginativas de inversión híbrida entre equity y deuda, que tratan de aunar lo mejor de los dos mundos, y propician la inyección de liquidez en una compañía a través de instrumentos de deuda, para acometer crecimiento de forma orgánica o inorgánica, combinando la inversión con la adquisición de un determinado nivel de equity, pero sin pretensión de alcanzar mayorías.

Recientemente, y siguiendo un esquema similar, Three Hills Capital Partners ha invertido 45 millones de euros en la compañía multinacional de software y consultoría de transporte Goal Systems. De esta forma, Goal Systems ha incorporado a la compañía a un socio experimentado que proporcionará el apoyo financiero necesario que permita desarrollar el plan de negocio, acelerar el crecimiento y la conclusión de adquisiciones selectivas de carácter estratégico. Además, se involucrará activamente en la gestión de la compañía como socio minoritario dando apoyo al equipo directivo.

Sin duda, la involucración de un socio de estas características requiere un alto nivel de compromiso y confianza en el proyecto empresarial, el plan de negocio y el equipo gestor. Pero, sobre todo, resultará crucial llegar a un consenso previo sobre el diagnóstico de aquellas áreas de mejora en las que, precisamente, el inversor pondrá sus capacidades y experiencia al servicio de la compañía en esta nueva etapa. En realidad, son estas capacidades las que, en gran medida, justifican a los ojos del capital fundacional la incorporación al proyecto del inversor.

Es más que probable que se consoliden y proliferen en el futuro esquemas de inversión similares al descrito. Estas fórmulas resultan más flexibles y proporcionan una alternativa constructiva al dilema clásico al que se enfrenta cualquier empresario de abrir o no el capital en contextos de éxito y potencial expansión de sus negocios.

Sixto de la Calle es ‘Of counsel’ del departamento de mercantil y director del área de ‘private equity’ de Eversheds Sutherland