Un mercado de la vivienda más profesional y más estable

A ello colaborará de manera determinante la profesionalización del sector y, de su mano, la especialización

Los cuatro años de continua recuperación del mercado de la vivienda han tenido el pasado mes de agosto una llamada de atención. Por primera vez en ese lago periodo de recuperación, primero, bonanza, después, y aceleración al final, la venta de viviendas cayó ese mes de forma notable en términos interanuales. Y lo hizo a la vez en todas las comunidades autónomas. Descontado que el corazón del verano no es el más activo en el mercado inmobiliario, y el impacto de la nueva ley hipotecaria sobre la decisión de compra de los ciudadanos –en general, la más importante de su vida en términos financieros–, lo cierto es que las señales de que el ciclo ha entrado en una fase más madura y tiende, como poco, hacia la estabilización son cada vez más visibles.

Mientras las compraventas y la firma de hipotecas sufren las primeras caídas, los precios siguen al alza, pero de forma más contenida, cuando no con rebajas en algunas de ciudades más caras. En todo caso, aún por debajo de las cotas de boom en casi todo el territorio. La demanda de reposición, frenada durante la crisis y que reactivó el sector, se va agotando, y los jóvenes compradores de vivienda nueva, que deberían ser su principal sujeto, siguen encontrando dificultades a pesar de las facilidades de financiación si no cuentan con avales. Mientras, las nuevas promotoras cuentan con un elevado stock de vivienda nueva, pero en algunos casos ya están modificado a la baja sus previsiones.

Todo indica que el futuro inmediato se encamina hacia una evolución más estable, sin estridencias ni indeseables volatilidades. A ello colaborará de manera determinante la profesionalización del sector y, de su mano, una especialización de la que carecía esta actividad cuando desembocó en su mayor crisis. Ese nuevo marco en el que se mueve el negocio debe ser un soporte para la actividad. En caso contrario, poco habríamos aprendido de las traumáticas experiencias del pasado aún reciente.

El fantasma de la ralentización económica, sobre todo si al final es más brusca de lo esperado e impacta con fuerza en el empleo, puede dibujar sin embargo un marco mucho más preocupante. Porque a pesar de la continuación de la ya prolongada era de tipos cero, facilitadora en general de una financiación accesible, hace falta una elevada dosis de confianza para que el mercado funcione. Y esa será la clave en el desempeño del sector a corto y medio plazo. Que baje la aceleración y adquiera velocidad de crucero es una buena noticia. Que frene en seco, sería muy mala. A evitarlo también coadyuvaría una estabilidad política que impacta directamente en las decisiones de consumo de los ciudadanos, y muy especialmente cuando se trata de su mayor compra, una operación sobre todo financiera.