Decisiones para que la desaceleración sea coyuntural

Los ciudadanos electores ya sospechan que no todo va tan bien como les dicen,

El Gobierno enviará antes del 15 de octubre a Bruselas la actualización de su Programa de Estabilidad Presupuestaria, que deberá contener de la manera más afinada posible las previsiones macroeconómicas para este y los tres próximos ejercicios. Los departamentos de Economía y de Hacienda que dirigen Nadia Calviño y María Jesús Montero trabajan estos días en los números que presentarán en la capital comunitaria, cuando la actividad económica está en revisión y experimenta un pequeño seísmo en todo el mundo, que podría terminar en tsunami si los planetas que están aún fuera de control (Brexit, guerra comercial, conflicto en el golfo Pérsico...) se alinean de la peor de la maneras. Ojalá que no y cada conflicto se resuelva de manera razonable.

En todo caso, el enfriamiento de la actividad comercial admitido ya por la OMC, la desaceleración súbita de EE UU, que ha devuelto el activismo a la Reserva Federal, o el recorte hasta el práctico estancamiento en Alemania son una señal de que la economía crecerá menos de lo previsto en todo el mundo. Y también en España. Los analistas están ultimando sus previsiones revisadas para este y los próximos dos años, tal como ya han hecho el Banco de España o el Colegio de Economistas, tras la rebaja generalizada de la senda de avance del PIB en los últimos años y trimestres por parte de Estadística.

El Gobierno se resiste a realizar aún ese mismo ejercicio de realismo que supone llevar la previsión de crecimiento al 2% o por debajo para este año, y rebajar en cuantías similares las de los tres próximos. Hasta el presidente del Gobierno ha admitido que si hay que rebajar el escenario, se hará, en un ejercicio de honestidad poco común, pero que debe ser culminado cuanto antes. Los ciudadanos electores ya sospechan que no todo va tan bien como les dicen, porque en la avalancha de señales mixtas de las últimas semanas abundan también alarmas que ceban el pesimismo, y han comenzado ha revisar sus expectativas con menos disposición al consumo y más ahorro.

Estamos lejos de una recesión, pero nuestra prima de crecimiento se reducirá sin remedio, y con ella la generación de empleo, la marcha de los ingresos fiscales y la reducción del endeudamiento, tanto público como privado. Tales ajustes tienen mal remedio, pero la política económica (con Gobierno sin dilación tras el 10 de noviembre) y todos los agentes económicos deben trabajar para que la desaceleración sea lo más episódica posible, y que reformas sensatas y decisiones a favor de más crecimiento y más inclusivo prolonguen el ciclo iniciado en 2014 para absorber todos los desequilibrios económicos: los laborales, los de renta y los financieros.