La deuda de WeWork se desploma al retrasar la OPV

La empresa ha pasado de estar valorada en 42.700 millones a rondar los 11.000

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Imagen de un espacio alquilado por WeWork. EFE

El gigante del coworking WeWork ha retrasado su OPV ante el desplome de la valoración que podía alcanzar la empresa en la colocación. La compañía ha emitido un comunicado en el que asegura que espera salir a Bolsa ante del fin de año, vía indirecta para retrasar una accidentada OPV que estaba ya en marcha tras sufrir otro retraso dos semanas atrás.

"We Company [firma instrumental que participa en WeWork y que era la sociedad que saldría a Bolsa] está impaciente por su OPV, que esperamos esté completada ante s de fin de año. Queremos dar las gracias a empleados, miembros y socios por su compromiso", indicó en una nota después de que varios medios publicasen que la empresa estaba retrasando la operación. Esta misma semana estaban previstas las primeras reuniones con analistas dentro del habitual roadshow.

El retraso de la OPV, en todo caso, tiene un impacto directo en la financiación de la empresa. WeWork necesita captar 3.000 millones de dólares en la operación, antes de fin de año, para cumplir los términos de una refinanciación firmada por 6.000 millones. En caso de que WeWork no cumpla estas condiciones, necesitará fuentes alternativas de financiación para un negocio que pierde dinero por minutos.

Así, los bonos de la empresa cotizan con fuertes bajadas de hasta un 6,5% de su nominal solo en la sesión de hoy. La deuda, con vencimiento en 2025, cotiza con descuento, al 96,25% del nominal.

WeWork se ha convertido en un ejemplo de los excesos de los gigantes tecnológicos, alimentados por la barra libre de dinero procedente de inversores. La empresa ha perdido 810 millones de euros en su último año, y 3.000 en los últimos tres. El folleto de su salida a Bolsa no terminaba de alcarar la rentabilidad del modelo de negocio de alquilar grandes espacios de oficinas y realquilarlo, ya acondicionado, a empresas de menor tamaño y con mayor rotación.

El gobierno corporativo ofreció también serias dudas: el fundador, Adam Neumann, tiene preferencia en derechos de voto (sus acciones valen 20 veces más que las normales), ha cerrado operaciones millonarias con la empresa (como venderle derechos intelectuales por varios millones de dólares)  y la colocación en Bolsa estaba condicionada por una compleja estructura accionarial.

Estas dudas han provocado que la valoración pasara de 42.700 millones de dólares a principios de año a menos de 13.000. De acuerdo con Reuters, las últimas valoraciones situaban WeWork por debajo de los 11.600 millones que la empresa ha captado de inversores desde su fundación en 2010.

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