Las empresas españolas preparan las primeras emisiones en negativo

Telefónica, Naturgy o Iberdrola pueden cobrar por los bonos a cinco años

Deuda corporativa pulsa en la foto

Es un momento que llenará páginas en los libros de historia económica. Tras las turbulencias veraniegas por los nubarrones macroeconómicos en el horizonte, el mercado se encuentra en el momento más propicio que se recuerda para que las empresas vendan bonos. Tanto es así que los principales bancos de inversión trabajan ya para que las compañías españolas se financien a tipos negativos este mes de septiembre por primera vez en la historia.

La senda ya la han marcado dos firmas alemanas. La energética Eon fue la primera en emitir a tipos negativos la semana pasada, a la que siguió ayer Siemens. El gigante industrial germano lanzó 1.000 millones a dos años al -0,3% y 500 millones a cinco años al -0,2%. No pagarán nada durante la vida del bono y a vencimiento devolverán menos dinero del que les entregaron.

En España, el mercado pone los ojos sobre las corporaciones con un rating de BBB, según indican fuentes financieras a CincoDías. Están dos escalones por encima del bono inferior al grado de inversión y dos por debajo de la nota de España (A-). En este escalafón se encuentran algunos de los grandes emblemas del Ibex, como Telefónica, Naturgy, Amadeus o Ferrovial. También Abertis, que ya ha protagonizado varias emisiones este año para refinanciar la opa de ACS y Atlantia, y Repsol, que apuró para colocar a finales de julio. Acompañaron a la petrolera CaixaBank, Citi, Goldman, HSBC, JP Morgan, Morgan Stanley, Unicredit, Natixis y Santander. Ligeramente por encima de la triple B están Iberdrola, Colonial, Enagás, o Red Eléctrica, por supuesto con opciones de obtener tipos negativos. Es posible alguna emisión inaugural de firmas con rating inferior al esperado BBB-, donde arranca el grado de inversión.

Las fuentes consultadas coinciden en que esta semana, la última de agosto, es clave para que las empresas decidan si van a estrenar la ventana que se les abrirá a partir del 2 de septiembre. El lunes fue un día inhábil en Londres y ahora los banqueros de inversión, gestores de fondos y directores financieros de las firmas vuelven tras el parón veraniego.

"Agosto ha sido un mes difícil para los mercados. Las dudas sobre la marcha de la economía se han traducido en tipos de interés ultrabajos en empresas y países fiables, que compensan lo que han subido los diferenciales de crédito. Las condiciones son excepcionales", sentencia un banquero de inversión. Por ejemplo, el último bono vendido por Repsol paga un 0,11% frente al 0,25% inicial.

A cinco años, el tipo de interés de referencia para las emisiones en euros (midswap) está en el -0,5%. Un diferencial inferior a ese porcentaje implica rentabilidades negativas. Lo que ofrecen las grandes empresas por sus bonos es nimio a largo plazo (véase gráfico).

Así, a partir de la próxima semana se podrían emitir los primeros bonos a medio plazo (en el entorno de los cinco años) con rendimientos negativos de firmas españolas. Estas, hasta ahora, solo podían cobrar por la deuda que vendían a muy corto plazo, como los pagarés, si bien en el secundario una gran parte de sus bonos ya cotiza en negativo. Cierto es que en general las empresas van sobradas de liquidez, pero el entorno para emitir es casi inmejorable.

CaixaBank vende bonos responsables

CaixaBank ha fichado a HSBC, que será el estructurador verde, y ABN Amro para que, junto a su equipo de mercado de capitales, se encarguen de realizar una ronda de presentaciones entre inversores (road show) a partir del próximo lunes 2 de septiembre para colocar bonos emitidos bajo los objetivos de desarrollo sostenibles (SDG, por sus siglas en inglés) de Naciones Unidas, según Bloomberg. El banco ha publicado este mismo agosto el marco de emisión de este tipo de bonos, que permiten obtener financiación con objetivos ecologistas, sociales o de sostenibilidad. BBVA, por su parte, fue el pionero en la emisión de bonos verdes en España. El año pasado, el banco que preside Carlos Torres colocó 1.000 millones de euros, y el pasado mes de junio vendió el mismo importe en deuda sénior no preferente –computable como pasivo con capacidad de absorber pérdidas de cara a la regulación europea– a siete años.

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