Unos resultados empresariales que reflejan una economía cansada

Pese a que España sigue a la cabeza de Europa en tasa de crecimiento, el motor sigue perdiendo fuerza

Cuando la economía afloja y los riesgos aumentan, los resultados de las empresas se resienten. Las cifras de beneficios de las cotizadas españolas durante el primer semestre del año reflejan claramente este principio, con una caída del 8% respecto a los resultados de 2018. La cifra conjunta, que incluye las previsiones de los analistas para IAG e Inditex y obvia los resultados de ArcelorMittal, para la cual no existen previsiones, arroja un beneficio neto de algo más de 19.775 millones de euros, una cifra un 11% mayor que la del 2018. Sin embargo, en el balance hay que tener en cuenta que el año pasado Naturgy afloró unas pérdidas de 3.281 millones, fruto de la actualización de sus activos. Si no se tiene en cuenta esa devaluación, la cifra de beneficio neto de las cotizadas cae exactamente un 8,5%. En el caso del sector financiero, la diferencia es aún mayor. Las seis entidades que componen el segmento de la gran banca española registraron un beneficio de 7.536 millones de euros frente a los 8.433 del año anterior, es decir, un 11% menos. Mientras Caixabank ha sido la más penalizada, principalmente por la reestructuración de negocio llevada a cabo en el ejercicio, Santander ha obtenido la mayor cifra.

Basta una ojeada al tenso horizonte internacional y nacional, así como a las cifras de coyuntura económica del segundo trimestre del año, para explicar unos números que se corresponden con una clara ralentización de la actividad económica y con el aumento de los riesgos geopolíticos, desde el Brexit hasta la guerra comercial. En el caso de la banca, todo ello se agrava por un entorno de tipos negativos que está castigando los márgenes del negocio y propiciando prácticas comerciales impensables hace unos años, como el cobro de intereses a las empresas por los depósitos, en un intento por capear los rigores de la política monetaria.

Tampoco el desempeño de la economía española está facilitando la actividad empresarial. Pese a que España sigue a la cabeza de Europa en tasa de crecimiento, no hay duda de que el motor pierde fuerza. La cifra de PIB redujo su crecimiento al 0,5% en el segundo trimestre de este año frente al 0,7% que acumuló en los tres primeros meses del año, según datos del INE. La cifra es inferior a la previsión adelantada por el Banco de España y supone la cota más baja alcanzada desde el tercer trimestre de 2018. Constituye un aviso, y no es el primero, de la necesidad de continuar reformando y flexibilizando la economía, así como de prepararla para la dureza del invierno en términos de crecimiento, un objetivo para el que resulta imprescindible contar con un Gobierno.

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