El oro, en máximos desde 2013: ¿seguirá o no al alza?

Aunque el precio actual es elevado, no lo es tanto como para pensar que tengan

que darse caídas importantes en el futuro

El oro, en máximos desde 2013: ¿seguirá o no al alza?

Junio ha sido un buen mes para el oro, ya que ha subido casi el 9% continuando con la tendencia alcista que comenzó tras los mínimos de finales de 2016 y ha recuperado precios que no se veían desde 2013. Ante los últimos incrementos caben dos interpretaciones: nos podemos encontrar al inicio de una nueva burbuja especulativa o estamos en la parte alta del canal alcista iniciado hace tres años. Mientras que los inversores de largo plazo que cuenten con metal físico en sus carteras ganarían en ambos escenarios, aquellos que opten por invertir en compañías mineras o se posicionen en futuros sí que podrían llegar a tener una rentabilidad negativa si el precio se redujera en los próximos meses.

En 2005 la onza de oro todavía se encontraba por debajo de los 500 dólares. Desde ese año se inició una subida casi ininterrumpida que la llevó a superar los 1.800 dólares en el año 2011. Desde entonces el precio disminuyó hasta poco más de 1.000 y ahora se encuentra en el entorno de 1.400 dólares.

Al igual que en la anterior fase de burbuja en la que parecía que el precio continuaría subiendo indefinidamente, en la actualidad hay motivos que invitan a pensar que estamos ante el inicio de un nuevo periodo en el que se podría multiplicar por dos o tres el precio de la onza. Los acuerdos de Basilea III establecen que el oro es un activo libre de riesgo, por lo que su papel en el sistema financiero podría volver a tener gran importancia. De hecho, en los últimos ocho años ha habido compras netas por parte de los bancos centrales tras más de dos décadas de ventas continuadas. Además, la escasez del oro se hace cada vez más evidente ya que los nuevos desarrollos mineros apenas consiguen cubrir la demanda creciente tanto en la industria, como en joyería y para inversión.

Sin embargo, también hay razones para pensar que una nueva fase de burbuja que multiplique el precio se hará esperar. Antes de la burbuja de 2005 a 2011, el precio se mantuvo prácticamente estable desde 1981, después de que se multiplicase por cuatro entre 1978 y 1980 durante la segunda crisis del petróleo. Todavía queda muy reciente el último movimiento especulativo como para que se produzca el siguiente. Incluso en un contexto como el actual con tipos de interés negativos y desconfianza en algunas divisas se hace difícil imaginar que de nuevo el oro pueda de nuevo disparar su precio. De hecho, las materias primas han sido prácticamente el único activo que no se ha visto afectado por lo que se ha venido en llamar la burbuja de todo que ha incrementado los precios de bienes inmobiliarios, acciones tecnológicas y criptodivisas. En esta burbuja parece que se prefieren los activos de mayor riesgo, por lo que es poco probable que incluya al oro, sinónimo de seguridad desde hace miles de años. Además, en las últimas dos burbujas la plata acompañó al oro en su ascenso, mientras que esta vez se encuentra bastante estable cerca de los 15 dólares por onza.

Si descartamos el comienzo de un proceso de subidas constantes, el escenario más probable es que continúe el movimiento lateral-alcista de los últimos años. Tiene un rango amplio, de unos 300 dólares entre mínimos y máximos y cada año se revaloriza el 4% de media. En este contexto, el oro estaría en la parte más alta y aunque pudiera continuar subiendo alrededor de un 7% adicional, es más lo que podría perder en el próximo año, donde si regresara al entorno de 1.200 dólares por onza se dejaría casi un 15% desde los niveles actuales.

En definitiva, nos encontramos con un precio elevado del oro, pero no tan alto como para pensar que tengan que darse caídas importantes en el futuro. Sin embargo, a pesar de las tensiones geopolíticas y financieras que nos rodean, es difícil pensar que el apetito de los inversores por activos con bajo riesgo vaya a aumentar de forma relevante próximamente. Si bien es cierto que con tipos de interés bajos e incluso negativos el oro se vuelve un buen sustituto del efectivo, la baja inflación hace que tener metales preciosos en las carteras sea poco necesario.

Juan Luis Santos es Profesor en la Universidad CEU San Pablo e investigador asociado en el IAES y en la Universidad de Alcalá

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