Una lista disuasoria y ejemplarizante que funciona

El mensaje a los contribuyentes es claro: la morosidad con la Agencia Tributaria tiene un riesgo añadido, el de la publicidad

Lejos de la polémica que rodeó su creación en 2015, la lista anual de morosos fiscales que publica Hacienda se ha convertido en un instrumento más al servicio de la optimización de la gestión tributaria. Y a la vista de los datos, parece un instrumento que funciona, más allá del vivo interés que despiertan los nombres que contiene, algunos de ellos bien conocidos. La lista de 2019 confirma que el número de morosos incluidos –aquellos con una deuda superior a un millón de euros no abonada dentro del plazo voluntario, pero tampoco aplazada o suspendida– se ha reducido a 4.028 nombres, lo que supone un 6,7% menos que el año anterior, mientras el montante de lo adeudado ha caído un 7,8%, hasta quedarse en 14.100 millones de euros. La brecha se amplía aún más si se compara el listado actual con el publicado en diciembre de 2015, primer año en el que la lista estuvo operativa, cuando la cantidad adeudada en total fue un 17% mayor. Los efectos secundarios de la publicidad de los incumplimientos fiscales se han hecho notar también en el sustancioso número de morosos que han saldado sus obligaciones con el Fisco tras aparecer en la lista, o que en algunos casos han reducido con astucia calculada al céntimo estas por debajo del millón de euros para dejar de formar parte de ella.

Buena parte de estos resultados forman parte de los objetivos con los que la Agencia Tributaria defendió la puesta en marcha del listado: una medida cuyo espíritu, más que fiscalizador o sancionador, fuese ejemplarizante y disuasorio. Ello se tradujo en un diseño final bastante más garantista que el planteado originalmente, así como en la creación de una suerte de segunda oportunidad para que los incumplidores pudiesen saldar sus obligaciones y evitar la entrada en la lista.

El mensaje que el listado dirige al grueso de los contribuyentes es claro: la morosidad con la Agencia Tributaria tiene un riesgo añadido, el de la publicidad, con el señalamiento público y censura social que trae consigo. Se trata de una advertencia ejemplarizante y necesaria, pero sería un error deducir de ello que el grueso de la deuda pendiente que soporta Hacienda está contenida en los 4.000 nombres de la lista. Perseguir la morosidad forma parte de las tareas obligadas de la Agencia Tributaria, pero las múltiples caras del fraude siguen siendo la gran asignatura en esta materia.

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