Si las aerolíneas de IAG tienen blindaje de la UE, debe certificarlo Bruselas

La movilidad de las personas tiene que estar por encima del transporte aéreo considerado como negocio

El Brexit ha enfangado la política británica en los últimos años y amenaza con poner también patas arriba buena parte de los negocios entre la Europa continental y la insular de la Gran Bretaña. Aunque las sucesivas prórrogas para ejecutar la salida del Reino Unido de la Unión Europea y la imposibilidad de conocer en qué términos terminará haciéndolo, si es que lo hace, han dado también márgenes adicionales para negociar, la actividad de la aviación comercial sigue obligada a tener sede y capital mayoritario comunitario para poder operar en caso de ruptura brusca. Y uno de los actores más afectados por esta circunstancia, el más afectado sin duda, es el conglomerado Internacional Airlines Group (IAG), que engloba a las compañías British Airways, Iberia, Vueling, Aer Lingus y Level, dado que tienen capital mixto (europeo y británico), y una mayoría de control en manos no comunitarias podría paralizar las licencias de vuelos.

La condición formal de pertenencia a la Unión Europea, cual es la sede social de la compañía, la cumplen tanto IAG como las empresas Iberia y Vueling; pero la titularidad del capital ha despertado dudas, hasta el punto de que el propio consejo de IAG ha prohibido las compras de paquetes accionariales de origen extracomunitario que puedan poner en riesgo la mayoría comunitaria del capital. Y en el caso de las empresas que operan los vuelos, y que son quienes tienen las licencias para volar, se han sometido a una especie de control por parte de las autoridades de aviación civil de sus países respectivos (España, Irlanda o Austria) para que certifique la titularidad del capital, así como la formalidad de la sede social corporativa.

En el caso de España, el presidente de IAG, Antonio Vázquez, ha recordado que tanto Iberia como Vueling son españolas y que Fomento ha certificado que cumplen con todos los requisitos para seguir operando en Europa aun en el caso de que se produzca un Brexit duro. De momento, el Brexit da un respiro temporal, y hay muchas posibilidades de que se produzca en los términos que fija el acuerdo con Bruselas, que garantiza la operatividad de las aerolíneas en toda la UE y con el Reino Unido. Pero no puede descartarse en absoluto una ruptura traumática, dado el marchamo incierto de la política británica. Para ello quien tiene que garantizar que las empresas están a salvo de cualquier eventualidad es Bruselas, con enorme peso en la decisión de quién vuela, blindando con un pacto específico tales cuestiones, independientemente de qué tipo de Brexit se ejecute. La movilidad de las personas tiene que estar por encima del transporte aéreo considerado como negocio.

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