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La regulación de Libra, el gran asunto pendiente de Facebook

El anuncio de Libra abre interrogantes sobre su carácter y cómo ha de ser supervisada

La regulación de Libra, el gran asunto pendiente de Facebook
AFP

En la prolija exposición con la que Facebook y sus socios han anunciado la creación de Libra se detallan las características técnicas, objetivos e incluso lenguaje de programación (Move) con el que operará la nueva divisa. Brillan por su ausencia, por el contrario, las referencias a la regulación y supervisión de Libra, pese a su aspiración de ser una moneda de uso común.

“Creemos que colaborar e innovar con el sector financiero, incluyendo reguladores y expertos de una gran variedad de industrias es la única forma de crear un mecanismo sostenible, seguro y fiable”, expone el documento publicado por Libra, que señala también que otras iniciativas previas han intentado sortear la regulación “confrontando ésta con la innovación”.

Tal y como ha expuesto Facebook, cada Libra tendrá un respaldo en activos financieros, lo que permitirá que las monedas de Facebook sean canjeables por dinero estándar. Los fundadores pretenden seguir el mismo mecanismo de, por ejemplo, la autoridad monetaria de Hong Kong, cuya moneda está ligada al dólar de EE UU: solo emite nuevos dólares de Hong Kong si tiene reservas de dólares estadounidenses.

En todo caso, dado que se trata de un sistema de pagos internacional, estará sujeto a las regulaciones de las distintas jurisdicciones, que a su vez debe dirimir qué es Libra y cómo supervisarlo. Tobias Adrian, director del mercado de capitales del FMI, explicó en un discurso en Zurich hace un mes los principales riesgos que entrañan estas iniciativas y la labor de los banqueros centrales.

Adrian, de entrada, denomina a monedas como Libra dinero electrónico o eMoney: “Un medio de pago y reserva de valor completamente respaldado por una divisa fiduciaria […] Algunas compañías tecnológicas se están preparando para introducir formas de dinero electrónico muy pronto”. Facebook, en todo caso, está lejos de ser pionera. WeChat (Tencent) o Alipay (Alibaba) tienen sus propios sistemas de pagos, similares al español Bizum en la medida en que permiten transferir dinero fácilmente a los contactos. Pero también tienen la llamada reserva de valor: una cartera donde el usuario guarda sus fondos. En Kenia, el 90% de la población usa M-Pesa, un sistema de pagos móviles puesto en marcha hace más de 10 años por una filial de Vodafone.

Entre las ventajas del dinero electrónico sobre el dinero están la experiencia de usuario, los menores costes de transacción y el efecto de la gran base de usuarios de las redes sociales. Hay riesgos como la posible pérdida de valor (si la moneda cae de precio en relación al dinero “real”), la pérdida de liquidez (capacidad de canjear Libras por euros) o la escasa interoperabilidad entre plataformas (conexión entre distintas formas de dinero electrónico).

Para evitar estos riesgos, Adrian sugiere que las reservas de divisas o activos que respaldan el dinero electrónico estén depositadas en los bancos centrales. Ello reduciría también los problemas de interoperabilidad entre las plataformas. Ahora bien, que Libra sea una moneda que opera en multitud de países complica el dilema: si alguien paga desde Suiza a Italia, el comprador habrá cambiado francos por sus Libras, que el vendedor querrá cambiar por francos. Facebook resuelve este problema mediante la apelación a sus reservas, una red de custodios de activos que garanticen la auditoría y la transparencia de las carteras que respaldan la moneda.

Adrian proponía, antes de trascender los detalles de Libra, una mayor implicación y colaboración de los bancos centrales. Y aludía a un riesgo adicional: la “dolarización”, es decir, que la divisa de EE UU acapare todo el comercio vía Libra. No obstante, el funcionario del FMI dejaba claro en su discurso que simplemente está sentando las bases de la discusión. Una discusión que, con toda seguridad, ganará peso en las próximas semanas. Y está por ver qué opinan al respecto las autoridades de verdad, es decir, los bancos centrales.

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