‘Value’ contra ‘growth’: la guerra de los estilos

En los últimos 10 años la inversión en crecimiento ha obtenido mejores resultados

‘Value’ contra ‘growth’: la guerra de los estilos

Desde hace años, especialmente en las inversiones en renta variable, los inversores se han dividido en dos estilos de gestión claramente diferenciados: la filosofía de inversión en valor, más comúnmente conocida como value, y la filosofía de inversión en crecimiento o growth. Aunque ambos estilos no tienen por qué ser antagónicos, la propia industria fuerza a muchos gestores o inversores a tener que definirse por uno u otro.

Sin embargo, hace pocas semanas conocimos que Warren Buffett, uno de los máximos exponentes de la inversión en valor, había comprado acciones de Amazon, una de las compañías más grandes del planeta y fuertemente vinculada al mundo tecnológico, a priori, una compañía de crecimiento. La noticia sorprendió a gran parte de la comunidad. ¿Realmente puede ser Amazon una inversión congruente con la filosofía de inversión en valor? El debate no ha hecho más que empezar.

Quizás merece la pena refrescar algunos conceptos y explicar brevemente las características principales de ambos estilos de inversión, aunque, como en casi cualquier ámbito profesional, cada maestrillo tiene su librillo y la aproximación que cada uno hace sobre estas definiciones o estilos es muy particular.

Generalmente, se conoce como inversión en valor a la escuela de inversores que tratan de comprar compañías que cotizan a niveles de valoración muy atractivos y que se encuentran por debajo de su valor intrínseco atendiendo a criterios cualitativos y cuantitavos. Esta filosofía de inversión nació en Estados Unidos en la década de los años 30 con Benjamin Graham, profesor de la Universidad de Columbia y célebre inversor y escritor. Tras el desplome de la bolsa en 1929, Benjamin Graham comenzó a identificar compañías que cotizaban en bolsa por debajo de su valor contable o, dicho de una forma más vulgar y castiza: se podían comprar duros a cuatro pesetas. Por lo tanto, lo más sensato como inversor era comprar esas compañías por debajo de su valor fundamental y esperar de forma paciente a que los agentes del mercado reconocieran esa ineficiencia y que los títulos volvieran a cotizar a su valor fundamental.

Por otro lado, se encuentra el estilo de inversión en crecimiento o growth. La inversión en crecimiento nace con la idea de que el factor más importante de una inversión no es el precio de adquisición de las acciones, tal y como defiende la filosofía de inversión en valor, si no la capacidad de crecimiento en el medio y largo plazo de la compañía. De esta forma, el retorno sobre la inversión vendrá determinado, fundamentalmente, por la capacidad de la compañía de obtener tasas de crecimiento por encima de la media, que se verá reflejado de forma natural en las acciones de la compañía.

Bajo este estilo de inversión, es preferible comprar negocios de calidad que sean capaces de crecer de forma natural que comprar negocios de menor calidad, aunque coticen a precios atractivos.

Como podemos observar, los estilos de inversión en valor y crecimiento parten de enfoques muy distintos a la hora de invertir, aunque, evidentemente, la finalidad de ambos es la misma: obtener rentabilidades por encima de la media de mercado en el largo plazo.

Normalmente, se identifica a la inversión en valor con sectores más consolidados, con tasas de crecimiento menores y que cotizan con métricas de valoración más bajas. Algunos ejemplos son los sectores financieros, consumo básico o telecomunicaciones. Por el contrario, se identifica a la inversión en crecimiento con sectores que operan en segmentos económicos con tasas de crecimiento superiores a la media y que requieren inversiones en activos fijos o tangibles mucho menores para el desempeño de sus actividades económicas. Los sectores de tecnología y consumo discrecional son sectores más vinculados con la inversión en crecimiento.

En España, la filosofía de inversión en valor ha sido la que claramente ha cautivado a buena parte de los inversores. Un gran número de estudios han demostrado que históricamente una estrategia basada en comprar compañías que cotizan con métricas de valoración más bajas que la media, ha obtenido mejores resultados en el medio y largo plazo. Además, en nuestro país conocemos a buen número de gestores que han cosechado excelentes resultados aplicando esta filosofía de inversión.

Sin embargo, en los últimos 10 años y a nivel global los datos nos demuestran lo contrario. Las estrategias de inversión en crecimiento han obtenido resultados significativamente superiores a las estrategias de inversión en valor de forma consistente. Esta situación ha provocado que muchos clientes comiencen a replantearse si es el momento de apostar de forma decidida por estrategias basadas en criterios de crecimiento en detrimento de seguir apostando por gestores que aplican técnicas de inversión en valor.

Cuando nos preguntan sobre qué estilo de gestión tiene más sentido para las carteras de nuestros clientes, la respuesta es siempre la misma. El futuro es imposible de descifrar y, como dice José Ramón Iturriaga, por desgracia las bolas de cristal siguen agotadas en Ikea. Por ello, nuestra apuesta es la de mantener en todo momento carteras diversificadas por activos, por zonas geográficas y también por estilos de gestión.

Francisco Javier Espelosín es gestor de fondos de Abante Asesores

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