Formando nuestro futuro para elevar la competitividad

La empresa privada tendría que jugar un papel más activo en el desarrollo de los planes educativos

Hay escasez de talento. Realizar esta afirmación en un país con una tasa de desempleo superior al 14%, y al 32% entre los menores de 25 años, puede parecer una boutade, pero es la realidad con la que nos encontramos las empresas en nuestro día a día.

La revolución 4.0 se está produciendo a mayor velocidad que el desarrollo de talento y la demanda de profesionales formados en carreras STEM es superior a la de estudiantes matriculados, por lo que se está generando una brecha importante.

Desde que se empezaran a hacer públicas estas cifras se han introducido algunas medidas para tratar de revertir la situación, pero el ritmo sigue siendo demasiado lento y no podemos permitir que la maquinaria se frene por falta de talento.

Son necesarias medidas de mayor calado: la reforma de un modelo educativo, que se presenta ineficiente. Y un compromiso en firme por parte de todas las fuerzas políticas, que se materialice en un pacto de Estado sobre educación que permita crear un modelo sostenible en el tiempo. Desde preescolar hasta posgrado.

La programación debería estudiarse desde las primeras etapas, de una forma más intensiva y situarse en el mismo nivel de importancia que el estudio de lenguas extranjeras. De hecho, es el lenguaje del futuro y permite desarrollar unas capacidades lógicas que no logran otras disciplinas.

Hay otras cuestiones como el uso de dispositivos digitales aplicados a la enseñanza, el fomento de una mentalidad crítica y de la curiosidad por conocer e investigar. Y por supuesto, atraer a las niñas hacia la tecnología y las carreras técnicas para tener una fuerza laboral más diversa y equitativa.

La innovación es fundamental para el progreso del país y su base debe ser la investigación en ámbitos universitarios y de Formación Profesional. España invierte cerca de la mitad que la media europea. Se hace necesario un esfuerzo público-privado conjunto para impulsar la I+D+i.

La empresa privada tendría que jugar un papel más activo en el desarrollo de los planes educativos: asesorar a lo largo de todo el modelo, pero también colaborar económicamente porque debemos ser conscientes de que el Estado no puede sustentarlo todo.

Esa cooperación debería ser mucho más estrecha en las enseñanzas media y superior. La aportación de las empresas es clave para garantizar la preparación de los estudiantes conforme a las competencias que demanda el mercado laboral.

Con voluntad y compromiso de todas las partes podemos lograrlo. La competitividad de España depende de ello.

Rafael Brugnini es Director general de SAP España

 

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