Editorial

Una política de tolerancia cero con las manipulaciones del mercado

Es importante una estrategia exhaustiva de control, pero también una legislación punitiva ejemplarizante

La sanción de 1.068 millones de euros que Bruselas ha impuesto a cinco bancos de inversión por haber pactado operaciones en el mercado de divisas y formado dos cárteles de precios es un ejemplo –y no precisamente el primero– de la inquietante aunque relativa frecuencia con la que se han desmantelado este tipo de prácticas en los últimos años tanto en Europa como en Estados Unidos. Citigroup, RBS y JP Morgan, por un lado, y Barclays y Mitsubishi UFJ Financial Group, por otro, han sido las entidades multadas en esta ocasión, gracias a la colaboración con las autoridades de UBS, también implicado, pero que ha eludido la sanción gracias a la información que ha proporcionado sobre ambos cárteles. El modus operandi de la trama partía de un grupo de operadores de divisas de las cinco entidades, que se conocían personalmente y utilizaban aplicaciones de mensajería online para intercambiar información y adoptar después sus decisiones de compraventa.

No es la primera vez que Bruselas sanciona la creación de cárteles como tampoco es la ocasión en que ha impuesto la multa más elevada. Hace cinco años la CE castigó a cinco entidades financieras con 1.300 millones de euros por manipular el euríbor e hizo lo propio con un cártel de fabricantes de camiones a los que sancionó con otros 3.800 millones. Pero las manipulaciones del mercado de divisas han sido detectadas cada vez con más frecuencia desde que en 2013 comenzaron a investigarse con mayor atención por las distintas autoridades. Desde entonces una docena de entidades de prestigio han sido multadas con 10.500 millones de euros, una cantidad a la que hay que sumar otros 2.000 millones en indemnizaciones. También hay casos pendientes, como el de Credit Suisse, a la espera de resolución.

La globalización de los mercados y la posibilidad de comunicarse e intercambiar información en tiempo real ha propiciado un desarrollo vertiginoso de los mercados financieros, pero también ha abierto numerosos agujeros negros que permiten esquivar los requerimientos de la ley de forma “descarada”, en palabras de la Fiscalía de EE UU. Ello hace más importante que nunca una política exhaustiva de control, pero también una legislación punitiva ejemplarizante, capaz de enviar a entidades y mercados un mensaje de tolerancia cero, como ha señalado la comisaria de Competencia, Margrethe Vestager. Ese mensaje debería calar profundamente en la estructura jerárquica de las entidades y trasladarse a toda la organización, porque el daño financiero de una multa no es nada comparado con el perjuicio reputacional.

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