Machu Picchu, o un idilio entre el hombre y la Pachamama

Diario de viaje para redescubrir el mayor tesoro de los incas

Machu Picchu
El tren es el único medio de acceso a Machu Picchu. Peru Rail, Belmond Hiram Bingham e Inca Rail ofrecen trayectos hasta Aguas Calientes desde el Valle Sagrado y Cuzco.

P ocos lugares del incanato se libraron del saqueo español. En 1911, el arqueólogo norteamericano Hiram Bingham, en una expedición hacia Vilcabamba, descubre entre la selva de los Andes peruanos la que sería la más famosa de las ciudades perdidas: Machu Picchu. Y allí nos dirigimos. Los viajes en tren son los únicos capaces de despertar ese espíritu novelesco. Al final del Valle Sagrado (Cuzco), en Ollantaytambo, los pasajeros se congregan en torno a la estación listos para tomar el ferrocarril rumbo a Aguas Calientes.

Un músico toca en la quena (flauta) melodías andinas, mientras nos montamos en el vagón de primera clase de Inca Rail. No todos los días va uno a Machu Picchu, pero todo gran viaje debería empezar en una estación de tren.

Vistas desde la ladera del cerro Machu Picchu, con el yacimiento arqueológico protegido por el Huayna Picchu (2.720 m) al fondo.rn
Vistas desde la ladera del cerro Machu Picchu, con el yacimiento arqueológico protegido por el Huayna Picchu (2.720 m) al fondo.

Con un pisco sour nos dan la bienvenida y con un refinado almuerzo nos vamos acomodando. Entre el lujo atemporal, conciertos acústicos y vistas de un paisaje que cambia la montaña rojiza por la espesura de la selva, el viaje de hora y media pasa volando.

Aguas Calientes fue levantado en los años cincuenta para saciar el apetito turístico de Machu Picchu. Desde aquí tomamos el bus que asciende en zigzag por la vertical ladera que esconde el mayor tesoro de la cultura inca.

Magnetismo andino

Cuando se visita una de las siete maravillas del mundo moderno, las expectativas pueden jugarte una mala pasada. Pero no aquí. Un cúmulo de montañas verdes abrazadas por el follaje rodean un enorme cerro, el Huayna Picchu, que custodia una planicie a 2.430 metros de altitud donde se erige Machu Picchu.

Pisco sour, música peruana y menú gourmet rumbo a la jungla. Todo gran viaje debería empezar en una estación de ferrocarril

Es mediodía y se van acumulando turistas, pero parece vacío. Sergio Prieto, nuestro guía, nos habla del rey Pachacútec, de Hiram Bingham y del genio arquitectónico de los incas, pero cuesta prestar atención. El magnetismo de este yacimiento es tan grande que crea un efecto hipnótico, una energía propia que mana de los bloques de granito blanco que se adueñan de esta meseta en medio de los Andes. Una exquisita comunión entre el hombre y la Pachamama.

Traspasamos los muros de la ciudadela, construida a mediados del siglo XV por orden de Pachacútec como centro religioso. Enormes terrazas de cultivo, edificios civiles y religiosos componen esta estructura de 10,6 hectáreas donde residía el monarca y su paraca (séquito) desde mayo a octubre.

Las llamas son las reinas del lugar.
Las llamas son las reinas del lugar.

Entre llamas y turistas, indagamos por las ruinas del Templo del Sol y del Agua, la Residencia Real o la Plaza Sagrada, mientras poco a poco vamos perdiendo la noción del tiempo y encontrando la esencia andina. Ya es hora de irse.

Dejamos la Pachamama y la mística para volver a la música en vivo, a la gastronomía peruana y a brindar con un pisco sour en el tren Belmond Hiram Bingham hacia Poroy al más puro estilo Orient Express. Porque las despedidas siempre son muy duras.

Guía de viaje

Nuevas medidas. Machu Picchu recibió en 2018 más de un millón y medio de visitantes, según el Observatorio Turístico de Perú. En 2019 entró en vigor una normativa que regula las entradas por turnos y una estancia máxima de cuatro horas. Es obligatorio ir acompañado por un guía. Desde 41 euros. Machupicchu.gob.pe.

Vagones de lujo. Inca Rail y Belmond Hiram Bingham proponen la experiencia exclusiva de viajar hasta Aguas Calientes en vagones con menús gourmet, conciertos y vistas panorámicas.

Normas