Japón estrena con Naruhito una época de apertura exterior

El nuevo emperador, experto en aguas fluviales y formado en Oxford, ha de colocar a su país en el ecosistema mundial y estrechar lazos internacionales

Naruhito y su esposa Masaki, este martes, durante la abdicación del emperador Akihito.
Naruhito y su esposa Masaki, este martes, durante la abdicación del emperador Akihito. EFE

Comienza una nueva era, Reiwa (hermosa armonía, en Japón. El emperador Akihito se despidió este martes, con 85 años, del trono, en el que ha permanecido tres décadas. Se cierra así la etapa Heisei (paz), una época caracterizada precisamente por ser la más pacífica del país, que comenzó en 1989, tras el fallecimiento del emperador Hirohito, para dar paso a una nueva etapa con el heredero Naruhito. En la ceremonia de abdicación (se trata del primer emperador que lo hace desde 1817, cuando renunció el emperador Kokaku), Akihito, acompañado de su esposa, la emperatriz Michiko, y del resto de la familia imperial, agradeció al pueblo, en apenas un minuto y medio, la aceptación y apoyo en su papel como símbolo del Estado, y deseó a su hijo una etapa “estable y fructífera”.

El nuevo emperador tiene por delante varios desafíos. Entre ellos, la apertura al exterior de uno de los países más arraigados a las tradiciones y con menor exposición internacional. El expediente académico y personal de Naruhito puede dar pistas de lo que será esta nueva era. Ha viajado por todo el mundo, fue el primer heredero del Trono del Crisantemo en estudiar fuera de Japón, y eligió para ello la Universidad de Oxford (Reino Unido), donde elaboró una tesis sobre el transporte marítimo en el río Támesis en el siglo XVIII. De regreso a su país, se especializó en Historia Medieval de Japón en la Universidad de Gakushūin. Domina varios idiomas: además del japonés, habla inglés, chino, alemán y un poco español.

Lo recuerda uno de sus profesores de castellano, el historiador Florentino Rodao: “Me sorprendió cuando le daba clases lo culto que era, toca la viola, tiene curiosidad, es experto en aguas fluviales, y si por algo destaca es por su bonhomía, por su inteligencia y por su interés por todo lo que ocurre a su alrededor”. Como conocedor de la cultura nipona, el autor de La soledad del país vulnerable afirma que esta nueva etapa será completamente distinta, “a pesar del excesivo peso que el primer ministro tiene sobre la agenda del emperador en Japón, un país que necesita abrirse al exterior”.

Sobre esta reflexión ahonda también Jorge Calvo, vicedecano de la escuela de negocios Globis en Japón, profesor asociado en Esade y coautor del libro Wa. Claves de la cultura corporativa japonesa, quien destaca el espíritu curioso de Naruhito, que en 2013, durante una visita de seis días con motivo del 400 aniversario de la primera embajada de Japón en España, recorrió a pie el último tramo del Camino de Santiago. “Comienza una era de mayor contacto del emperador con la sociedad y la apertura al exterior. Naruhito reforzará su presencia en el exterior para ganar peso geopolítico institucional en Asia, equilibrando las diferencias entre USA y China. Además, se espera que el emperador incremente las relaciones internacionales con visitas institucionales a otros países, cosa que el anterior emperador no podía hacer por motivos de salud.”, explica este experto, que destaca los pequeños gestos iniciados por Akihito, como su visita a personas discapacitadas o el simple hecho de dar la mano a plebeyos, algo impensable en la corte imperial. Este relevo es la antesala de uno de los acontecimientos que pondrá a Japón en el centro del planeta, como es la celebración de los Juegos Olímpicos en Tokio el próximo año. “Ese será el gran momento de apertura al exterior, y todos estos cambios están perfectamente planificados, porque en Japón  nada es por casualidad, todo esto significa rejuvenecimiento, el que se necesita para afrontar el futuro”, señala Calvo, quien destaca varios factores que deben incentivar “el cambio de un país estancado, a pesar de ser la tercera potencia económica mundial”. 

Japón tiene por delante, apostilla el docente de Esade, el desafío de abrir la puerta a emigrantes cualificados para subsanar el envejecimiento de la población, aumentar el consumo y favorecer las relaciones de las empresas japonesas con el exterior.

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