Las elecciones en España resuelven a medias la parálisis política

Sánchez tiene motivos tanto para alegrarse como para suspirar, pero esta vez está en una posición de negociación más fuerte

Ciudadanos se informan sobre los resultados electorales.
Ciudadanos se informan sobre los resultados electorales. AP

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, tiene motivos tanto para alegrarse como para suspirar después de las elecciones generales del domingo. El líder socialista ha recibido un mandato político más fuerte, pero se enfrenta a largas negociaciones con posibles socios para formar un nuevo Gobierno. Después de una tercera votación en cuatro años, España solo ha conseguido una solución parcial a su estancamiento político.

El partido de Sánchez ganó 123 de los 350 escaños parlamentarios, en comparación con solo 85 en 2016. Su rival conservador, el Partido Popular, perdió cerca de la mitad de sus escaños, terminando con 66 (desde 137), por las ganancias de los antiseparatismo catalán de Ciudadanos (57 frente a 32) y de la extrema derecha de Vox (que entra con 24).

Ese resultado deja a Sánchez, de 47 años, en una posición más fuerte. Llegó al poder el pasado mes de junio tras una moción de censura contra el anterior Gobierno de la minoría conservadora de Mariano Rajoy, debilitado por el escándalo de corrupción de la trama Gürtel.

En los meses siguientes, no pudo conseguir el apoyo de los partidos independentistas catalanes, con los que formó la llamada coalición Frankenstein en la moción de censura, para aprobar los Presupuestos, lo que le obligó a convocar elecciones.

Aunque todavía está muy lejos de los 176 escaños necesarios para una mayoría, Sánchez es ahora claramente el único líder capaz de formar un Gobierno. Los socialistas tienen tantos escaños como los dos partidos que le siguen juntos, mientras que el trío alternativo de derechas formado por el PP, Ciudadanos y Vox solo pudo reunir 147. La cuestión es a qué partidos se acercará Sánchez para formar un gobierno.

Los mercados financieros probablemente reaccionarían mejor a una coalición entre Sánchez y Albert Rivera, el líder económicamente liberal y pro Unión Europea de Ciudadanos. Juntos controlarían 180 asientos.

Sin embargo, parece poco probable que se llegue a un acuerdo, ya que ambos tienen opiniones muy diferentes sobre Cataluña, tema que dominó la campaña electoral. Sánchez está a favor del diálogo con los separatistas; Rivera se opone firmemente.

Eso hace que una coalición Frankenstein renovada sea la opción más plausible. Junto con la agrupación de izquierdas Podemos (que tiene 42 escaños, frente a los 71 de 2016), reciente aliado de los socialistas, Sánchez tendría 165 escaños en el Parlamento.

Una vez más, necesitaría el apoyo de pequeños grupos regionales y posiblemente de un partido independentista catalán moderado para superar el listón, o al menos la promesa de abstenerse en las votaciones clave.

La diferencia esta vez, sin embargo, es que Sánchez está en una posición de negociación más fuerte. Para un sistema político que lleva años cerca del punto muerto, eso cuenta como un avance.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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