El presidente de Deutsche Bank, ante la hora de la verdad

Los accionistas votarán el 23 de mayo si destituyen a Paul Achleitner

Paul Achleitner
Paul Achleitner, presidente de Deutsche Bank.

El presidente de Deutsche Bank, Paul Achleitner, tiene un problema. El día 26, los jefes de Bayer sufrieron un gran voto de protesta por la compra de Monsanto. En la moción para destituir a Achleitner en la junta anual del 23 de mayo, los riesgos serán mayores, y su defensa más difícil.

El exejecutivo de Allianz y ex banquero de Goldman Sachs, que recibió un nuevo mandato de cinco años en 2017, no puede ser el único culpable de explorar un acuerdo con Commerzbank. El sistema de gobierno de dos niveles alemán implica que el CEO, Christian Sewing, está a cargo de la estrategia en última instancia. Pero los siete años de mandato de Achleitner y su influencia dan motivos para que esté en el foco.

Su historial es, como poco, irregular. Esperó tres años tras asumir la presidencia en 2012 para destituir al CEO Anshu Jain. Echar a su sustituto, John Cryan en 2018 demostró agallas, pero también admitir que nombrarlo fue un error. Achleitner aprobó tres ampliaciones de capital en 2013, 2014 y 2017 por 19.500 millones que no han detenido la putrefacción. Las acciones de Deutsche han devuelto un -66% durante su presidencia, incluyendo los dividendos reinvertidos. El Eurostoxx Banks ha producido el mismo rendimiento, pero en positivo. Además, Achleitner puede estar aferrándose a la estrategia equivocada. Su preferencia por un banco de inversión robusto puede tener partidarios en Berlín, pero el fracaso del acuerdo con Commerzbank hace más difícil para Deutsche mantener una división que consume 228.000 millones en activos ponderados por riesgo –dos tercios del total– al tiempo que obtiene una irrisoria rentabilidad por fondos propios. Si Sewing decide recortar más rápido, el presidente sería un defensor peculiar de ese radicalismo.

Achleitner puede confiar en el conservadurismo innato de los inversores alemanes. En Bayer, dos grandes accionistas se han pronunciado en contra de cambios inmediatos en la gestión. Pero los problemas de Deutsche son profundos, y su votación sí será vinculante. Los costes de financiación del banco suben y su rumbo está en duda: es el peor momento para las críticas.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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