Los extremos, una receta de dudoso éxito en los mercados financieros

Wall Street subió con Trump gracias a la reforma fiscal. En Europa, la clave está en el compromiso con rebajar el déficit

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El auge de los populismos ha sido una de las señas de identidad de las citas electorales de los últimos tres años. Aunque esta corriente ha estado protagonizada tanto por formaciones de izquierda como de derecha, han sido estas últimas las que más arraigo han tenido entre los electores. Donald Trump y su victoria en los comicios presidenciales estadounidenses marcó una corriente que se ha extendido a otros países. A él se sumó en marzo de 2018 la Liga Norte de Matteo Salvini, que se convirtió en la principal fuerza política al ganar por mayoría simple en la Cámara de Diputados y en el Senado, y siete meses después Jair Bolsonaro, al imponerse al Partido de los Trabajadores en las elecciones brasileñas.

Los resultados electorales tienen su efecto directo en los mercados tanto de renta fija como de renta variable. La victoria de las formaciones de extrema derecha aunque ha causado mucho revuelo en el plano social, parece no disgustar a los inversores. Tan solo basta con echar un vistazo al comportamiento de los índices bursátiles de estos países. Si bien el día después a la consulta las caídas de los selectivos son la tendencia dominante, como viene siendo lo normal, en el mes posterior a la cita electoral los ascensos ganan la partida.

El mejor exponente es sin duda la Bolsa estadounidense. Un mes después de las elecciones el Dow Jones subía un 7,7%; el S&P, un 5,6% y el Nasdaq, un 4,8%. Pero los ascensos no quedaron ahí. Las promesas del partido republicano llevaron a Wall Street a registrar sucesivos hitos. El primero llegó en febrero de 2017 cuando el Dow Jones conquistó los 20.000 puntos. Apenas 11 meses después los 26.000 se convirtieron en la última cota reseñable, nivel que registró en enero de 2018. No obstante, las subidas se prolongaron unos meses más y en octubre de 2018, antes de que los temores de desaceleración provocaran las correcciones en las Bolsas mundiales, el Dow Jones registró su máximo histórico hasta la fecha: los 26.828.

Aunque el mandato de Trump no ha estado exento de polémicas y de tensiones geopolíticas –algunas como la guerra comercial siguen pendientes de resolución– las medidas económicas implementadas como la rebaja fiscal sirvieron de impulso al PIB y a los resultados empresariales en 2018. Esto llevó a los inversores a incrementar su exposición a activos de riesgo y aquí la Bolsa no encontró competencia.

Ahora es Brasil, y en concreto el Bovespa, el que está disfrutando del beneplácito de los inversores. La Bolsa brasileña se anota un 9,33% desde el triunfo de Bolsonaro, ascenso que en febrero llegó a alcanzar el 13%. Las esperanzas están puestas en el plan económico del nuevo presidente, una estrategia que según las previsiones del FMI llevarían al PIB del país sudamericano a avanzar un 2,1%, tomando distancia de la crisis en la estuvo sumida la economía en 2015 y 2016. La apertura comercial, la reforma de las pensiones o el ajuste fiscal son algunas de las medidas estrellas recogidas en su programa electoral.

Un caso muy diferente es el de Italia. La consulta se realizó el 4 de marzo de 2018 y dos meses después el Mib italiano se anotaba un 12,5%, un comportamiento que estuvo ligado al sector bancario, el índice con mayor peso dentro de la Bolsa transalpina. Las entidades lograron esquivar la temida reducción masiva de activos tóxicos y esto fue ingrediente suficiente para alentar la recuperación. Una remontada que se vio frustrada por la inestabilidad política.

Tal es así que el bloqueo llevó a muchos a especular con la celebración de nuevas elecciones, algo que finalmente se desechó tras la coalición de dos formaciones antagónicas: el partido de extra derecha, Liga Norte, y el extrema izquierda, Movimiento 5 Estrellas. Pero esto no sirvió para devolver la confianza a los inversores. El Mib cerró 2018 con una caída del 16%, descenso que se vio amplificado por las tensiones entre Roma y Bruselas a cuenta del déficit de 2019. Finalmente, Italia rebajó sus pretensiones y se amoldó a lo estipulado por la CE. Pero los desequilibrios estructurales (exceso de deuda y gasto público) unidos a la inestabilidad política llevaron a la economía a la recesión en 2018.

En España, la apuesta de los inversores es por un gobierno disciplinado con el déficit, la cuestión que ha penalizado al mercado italiano y gracias a la que ni la Bolsa ni la deuda españolas no han sufrido hasta ahora.

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