Elena Hernando: “Somos uno de los pocos museos de Madrid a los que van los madrileños”

Dirige desde hace nueve años este centro público que nació de una colección privada

Elena Hernando: “Somos uno de los pocos museos de Madrid a los que van los madrileños”

En la calle Serrano, en la frontera entre el barrio de Salamanca y El Viso, donde hace un siglo se situaban los límites del Madrid burgués, se levanta el Museo Lázaro Galdiano. El palacete que en su día sirviera de hogar del coleccionista y su mujer, Paula Florido, es hoy la sede de este museo estatal que bebe de una colección privada en su origen. Pequeño, apartado de la ruta museística más habitual de la ciudad, y con un edificio inusual para un centro de arte, muchas veces pasa inadvertido para el viandante. Elena Hernando (Madrid, 1965), directora de la institución desde hace casi nueve años, trata de dar a conocer el museo y dotarlo de una nueva vida.

Ya entrado 2019, ¿qué balance hace del pasado año y de la situación del museo?

Ha sido un año muy bueno que puede sig­nificar un cambio de rumbo. Nos han visitado casi 80.000 personas, cuando hasta hace siete u ocho años estábamos en menos de 40.000. Ha sido una cifra récord para nosotros, que es lo más cuantificable. Más allá de eso, hemos vuelto a aparecer en el informe de la Fundación Compromiso y Transparencia como uno de los museos más transparentes. También hemos participado en actividades rela­cionadas con la Agenda 2030 para transmitir los valores sostenibles a través del arte y hemos seguido trabajando con el coleccionismo, colaborando con instituciones como Fundación Coca-Cola. Creo que cada vez tenemos más exposiciones temporales, talleres, conciertos... Eso fideliza al público. Nos hace penetrar poco a poco en una ciudad tan difícil como Madrid, en la que hay tanta oferta y es difícil hacerse hueco.

Siguen siendo cifras muy alejadas de las que manejan los grandes museos. ¿Se puede competir con ellos?

Somos conscientes de que tenemos unas características peculiares. Primero, ­porque estamos en una antigua casa y nunca podríamos acoger a un millón de visitantes. No cabrían y la experiencia de visita sería mala. Segundo, por la colección que tenemos, mucho más especializada. No intentamos competir con los grandes porque no se trata de eso, sino de buscar nuestro hueco. Quien viene aquí no es el mismo que va a los principales, porque el turista que viene a Madrid en una ocasión ve el Prado, el Thyssen o el Reina Sofía.

¿Hay complejo o resquemor por ser un museo pequeño o también tiene sus cosas positivas?

No hay ningún complejo. No queremos compararnos con el Thyssen o el Prado. Somos otro tipo de institución y tenemos unas características muy concretas. De hecho, tenemos una alianza con otros cuatro museos que comparten una identidad como la nuestra e intentamos hacernos visibles en esta ciudad. E intentamos tener un carácter más humano, contar la historia de un personaje, tener nuestra personalidad y ser menos un contenedor de arte.

¿Qué tipo de visitantes reciben?

Nos dirigimos al público madrileño y al turista que viene por segunda o tercera vez a la ciudad. Somos uno de los pocos museos de Madrid a los que van los madrileños, como les ocurre al Museo del Romanticismo, al Cerralbo, al de Artes Decorativas o al Sorolla. El 90% de los visitantes proceden de España y, de ellos, el 60% son de Madrid. El 10% restante lo ocupan mayoritariamente Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Italia, Alemania y Rusia. Quizás el hecho de no estar dentro del circuito de los turoperadores hace que el público extranjero sea minoritario.

¿Qué diferencias diría que existen entre un museo como este y uno de los grandes?

Creo que aquí tenemos mucha libertad para trabajar y, además, tenemos la capacidad de tomar decisiones con más rapidez que una organización más grande, y eso es enriquecedor porque tiene un efecto en el público. Ayuda porque las cosas van saliendo y surgen proyectos hacia el ciudadano. Esa es la ventaja de ser pequeños.

Tenemos más libertad para tomar decisiones que en un museo grande

El tamaño y las visitas también afectan a la financiación.

Para los museos pequeños todo es difícil, porque las empresas quieren estar en los grandes y a los pequeños nos cuesta encontrar financiación privada. Y en la rama de la pública, estos años han sido muy difíciles y el ministerio nos da una subvención pequeña, pero porque es complicado que haya más dinero. No son buenos tiempos para nadie. El ministerio dice que intentará aumentar la dotación, que creemos debería ser mayor. Pero nos consta que el ministerio también lo cree.

En 2018 recibieron 140.000 euros. ¿Cómo lo hacen para sobrevivir?

Cuando José Lázaro Galdiano fallece y deja al Estado todo su legado, además de las 12.000 obras, cede una cantidad importante de patrimonio financiero. Nosotros invertimos ese patrimonio para obtener recursos. También tenemos ayuda de algunas empresas.

Entre su colección hay armas, abanicos, joyas... ¿Son menos llamativas estas obras que las pinturas?

Es verdad que lo que más gusta a la gente es la pintura. Y nosotros tenemos también. Contamos con Goyas, cuadros de Velázquez, El Greco, Zurbarán, Murillo, Pastrana e incluso un Bosco, algo realmente insólito para una colección en origen privada. Y además de eso, armas, joyas, miniaturas... Lo bueno es que en este museo la gente encuentra de todo. Es difícil salir de aquí sin que te haya gustado algo.

¿Por qué hay tan pocas mujeres dirigiendo un museo?

Es curioso. En los museos pequeños hay más directoras que directores. De hecho, en los cinco que formamos la alianza todas somos mujeres. Pero cuando vamos viendo los museos más grandes es cierto que la mayoría están dirigidos por hombres, aunque alguno de ellos haya contado eventualmente con alguna directora. Yo creo que es algo que responde a las dinámicas de la sociedad. Y es que también tenemos un techo de cristal en el mundo del arte. Lo que nos corresponde a los museos es transformar esas dinámicas, aprovechando que poco a poco está calando el cambio en la sociedad, y dar más peso a las artistas e influir con nuestros programas y nuestras decisiones.

Normas