Los dividendos, el estabilizador de la cartera de inversión

Las apuestas por empresas que los ofrecen habitualmente deben entenderse también como defensa ante la posibilidad de una paralización de la economía

Las grandes empresas españolas que componen el índice Ibex 35 proporcionan uno de los más generosos retornos por dividendo de toda Europa, con tasas de rentabilidad ligeramente superiores al 4%. La composición del índice, muy intensivo en instituciones bancarias y empresas de servicios energéticos o de telecomunicaciones, con tarifas reguladas en muchos casos (que es tanto como decir garantizadas) facilita tasas tan abultadas de pago a los socios de forma cuasi permanente, ya que muy raramente el ciclo condiciona las cuentas de resultados de las sociedades cotizadas. Se convierte así el dividendo, un instrumento característico de las inversiones más conservadoras, en un auténtico estabilizador de las carteras de inversión.

Pero además de ser un elemento recurrente en la composición de las opciones de los particulares para obtener una renta regular a su patrimonio financiero, es también un asidero confortable para los tiempos complicados. Aunque el crecimiento de la economía ahora es razonable, varias zonas del mundo han entrado en una fase de duda y de desaceleración, Europa incluída, y dada la longevidad del ciclo que se abrió tras la crisis, los analistas sitúan cada vez más cerca una nueva etapa de ajuste. Y es precisamente como fórmula defensiva ante la posibilidad de una paralización de la economía como deben entenderse también las apuestas por empresas con dividendos recurrentes, y más si se trata de sociedades con la menor dependencia posible del ciclo.

La contrapartida de los dividendos es que la revalorización del capital será más limitada en condiciones normales, dado que una parte importante de sus beneficios salen regularmente de la tesorería de la empresa para ir a los bolsillos de los accionistas. Una cosa, por la otra. En todo caso, mientras el horizonte no esté plenamente despejado (muy pocas veces lo está), la inversión de riesgo debe estar a la expectativa, refugiándose en la aburrida recogida de beneficios de las empresas maduras, pero con flujos de caja recurrentes. La guerra comercial, el Brexit, los populismos crecientes en Europa, la fragmentación política en España,...: cada nudo que se deshaga será una oportunidad para que despegue el crecimiento y la inversión, pero parece complicado que todos ellos se vayan a desvanecer al unísono. Entre tanto, una buena selección de empresas sin deuda, bien diversificadas geográficamente, sin necesidad de destinar sus esfuerzos a la renovación de inversiones, y a ser posible líderes en su sector para marcar los precios, es la mejor garantía de que repartirá con generosidad sus beneficios.

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