El reto de acabar con el miedo a los robots en el trabajo

Los expertos del sector advierten de que abrazar la automatización para ahorrar en costes es un grave error

El reto de acabar con el miedo a los robots en el trabajo
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Por un lado, un sistema laboral inestable incapaz de reducir la tasa de paro de manera drástica. Por otro, informes, estudios y presagios que anuncian un impacto cada vez más fuerte de las nuevas tecnologías en el mercado del trabajo. El último de ellos, publicado este fin de semana por la OCDE, asegura que en España el 52% de los puestos está en riesgo por culpa de la robotización. De esta cifra, el 30% registraría cambios importantes. El 22% restante sufriría una automatización prácticamente total.

En este contexto, el miedo y la desafección hacia buena parte de las nuevas herramientas que entran en las empresas y oficinas crece. Y en opinión de Pablo Medrano, consejero delegado de Casual Robots, es en buena medida una reacción lógica. “En el momento de hablar de robótica, el mensaje es muy alarmista y tiende demasiado hacia la desaparición del empleo. Y esto no es del todo exacto. Es necesario cambiar el discurso”. Este experto en robótica de consumo, que trabaja con cerca de 300 empresas de la talla de Iberia, Telefónica, Iberdrola o Pfizer, es un firme convencido de que “quienes dicen que los robots nos quitarán el trabajo es porque no entienden qué es la robótica. No es una cuestión de desaparición, sino de cambio”.

Por eso, en un momento en el que parece que la revolución tecnológica no es opcional y que no va a detenerse, es más urgente que nunca inculcar en la sociedad, “y sobre todo en los profesionales de cualquier sector”, que la convivencia entre máquinas y humanos es tan posible como necesaria. En esta batalla, prosigue Pilar Llácer, responsable de carreras profesionales en EAE Business School, tienen que entrar la sociedad en su conjunto, el sistema político, la empresa y, por último, los empleados. “Los trabajadores deben ser conscientes cuanto antes de que hay muchas labores que van a automatizarse, y que en buena medida van a ser ellos los que tengan que aprender a reciclarse”, asegura la experta. Sin embargo, añade, hay que recordar que “desde el punto de vista político y empresarial hay una falta de perspectiva total”.

Tal y como apunta Medrano, el primer error que cometen muchas organizaciones es plantearse la automatización como un ahorro de costes y como una forma de reducir la plantilla. “Muchas compañías que solicitan nuestro servicio lo hacen para eliminar puestos de trabajo, pero es un fallo enorme, porque eso no implica un cambio sostenible a medio y largo plazo”.

Para el experto, una disminución drástica de los equipos puede conllevar beneficios económicos a corto plazo, pero “es obvio que cualquier servicio o sector, al menos por ahora, va a necesitar siempre del factor humano”. Por esa razón, continúa, quienes recurren a la tecnología como comodín para ahorrar lo máximo posible en salarios o cotizaciones están “mostrando una falta de perspectiva muy considerable. Es cierto que si rechazas la tecnología te quedas obsoleto. Pero también lo es que si recurres a ella para ahorrar, estás dejando de generar otro tipo de valor”.

Quien también está en contra de la premisa de que la automatización vaya a destruir empleo es Roberto Menéndez, consejero delegado digital de Grupo ADD, especializado en robótica. “El país con mayor automatización en sus sistemas productivos y de servicios es Corea del Sur. Allí, la tasa del paro supera por muy poco el 3%. ¿Por qué? Porque quienes antes se dedicaban a dar vueltas a tornillos o a ensamblar, ahora se trabajan en el marketing o en las finanzas”, explica.

Esto no quiere decir, prosigue, que no haya labores que no vayan a quedar obsoletas. “Todo lo que sea peligroso, lo que sea repetitivo, lo que sea tedioso, va a ser automatizado. Pero desde las empresas se tiene que enfatizar en que el robot no destruye, sino que complementa”, añade.

La robótica puede ayudar a recuperar mucha industria perdida

Desde las empresas y desde la Administración, continúa Pablo Medrano, también deberían lanzarse mensajes relacionados con la oportunidad que la robotización trae consigo, “y no ser tan alarmistas”. Por ejemplo, alude el experto, sería positivo recordar el potencial de mejora que traería la robótica a la industria del país. “La única industria fuerte que se ha mantenido en España, la de la automoción, es la que tiene algo de robótica. Esa automatización es la que ha permitido que no se vaya a otros países. La robótica, con la participación del ser humano, puede rescatar mucha industria que ya no está aquí”.

Otro aspecto positivo, resalta Menéndez, es lo que la automatización puede suponer en la conciliación y en la vida personal de los profesionales, más allá de la jornada laboral. “Hace muchos años era impensable que alguien no trabajase los siete días de la semana y ahora se libran dos. Estas herramientas pueden contribuir incluso a mayores avances”.

Con todo esto, cuenta Montserrat Calleja, investigadora en el CSIC, también hay que dar pie a la duda y a las verificaciones. “La ética es siempre muy importante en todos estos temas. Por eso es crucial testar y hacer pruebas piloto para ver cómo salen todos los proyectos y cuáles son las consecuencias reales”.

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